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En la Memoria del CBS

Hombres con Alma de Fuego: Alberto Reyes Naranjo

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El tercer Mártir de la Tercera Compañía y el primer Guardián Nocturno en ofrendar su vida por la comunidad.

El jueves 3 de enero de 1918 se convierte en una jornada de difícil olvido para la Tercera Compañía.

En la madrugada de aquel día, un incendio se declara en la intersección de San Francisco y Porvenir, y la Guardia Nocturna de la Tercera debe concurrir a su control.

Entre la dotación, el Voluntario Alberto Reyes Naranjo, quien se dirige al lugar impulsado por su gran entusiasmo, aprovechando el traslado de las carboneras de la bomba de la Décima Compañía, guardadas en su Cuartel.

En tránsito a la alarma, al pasar por Estado y Agustinas, la Bomba a Vapor de la Tercera fue estrellada por el carro automóvil de la Duodécima Compañía, que salió velozmente por esta última calle. Fue tan recio el golpe, que la bomba de la Décima fue disparada sobre la acera de San Agustín, y el cuerpo de Reyes termina arrojado a gran distancia, resultando con su cráneo triturado.

La fatal noticia fue comunicada a la Tercera por integrantes de la Primera Comisaría de Carabineros, a las 3:45 hrs.

Reyes Naranjo fue llevado en estado agónico a la Asistencia Pública, haciendo presuroso el traslado de los Tercerinos que trabajaban en el siniestro. A la llegada, ninguno daba crédito a tan tremenda noticia.

La amarga certidumbre la tuvimos bien pronto, al contemplar el cuerpo frío y ensangrentado de nuestro inolvidable compañero Alberto Reyes Naranjo, tercer mártir de la Tercera Compañía.

Se esparció rápidamente, llegando hasta el sitio del incendio, donde trabajaban las demás Compañías. Numerosos Bomberos, encabezados por Director de la Tercera, Luis Kappés, acompañado del Comandante Luis Phillips, y por el Capitán Manuel Cordero, se trasladaron al hogar del infortunado Reyes, a transmitir tan tremenda noticia a su Padre, el Voluntario de la Octava Compañía y quien fuera Segundo Comandante del Cuerpo, Luis Reyes.

En esta ocasión solemne, única en la vida de un hombre, el viejo Bombero pronunció palabras que deben quedar para siempre grabadas en la historia de nuestra Institución: “Si algún alivio puede haber para mi corazón en estos momentos, es el pensar que mi hijo ha muerto en el cumplimiento de sus deberes”.



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