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En la Memoria del CBS: Un Maquinista Valiente

Al decir de las crónicas, “La Poncas” llegó a Chile acompañada de un meritorio ingeniero norteamericano, quien venía expresamente a enseñarles el manejo a los maquinistas chilenos. Era el año 1864, y a la época dicen que desempeñaba el puesto de maquinista 10 de “La Central” el prestigioso bombero, don Pedro Nolasco Gómez. En pocos días creyó este último, que la lección estaba ya aprendida y el gringo se fue para Cincinnati. Hinchado de suficiencia y satisfacción hizo convocar a la Compañía a un ejercicio el que tuvo lugar en la Alameda, frente a la calle del Ejército en donde aquel día se armó “La Poncas” en la acequia.

Un numeroso público contemplaba atónito el llamado “Monstruo yanqui para apagar incendios”, mientras la presión subía en la caldera, hasta llegar a 120 libras y producirse el ruidoso escape de vapor. A estas primeras manifestaciones estrepitosas del “monstruo”, los curiosos, guiados aparentemente por el instinto de conservación, dieron un paso hacia atrás. En ese preciso instante el maquinista gritó con voz estentórea: “Estamos listos, niños”. Y sin esperar respuesta alguna se colgó del gran pito y abrió la llave de admisión.

Fueron tan rápidas las voces de mando, que el canastillo del chorizo no alcanzó a penetrar en el agua, partiendo el “monstruo” desbocado, en medio de una gran nube de vapor y de un ruido infernal. Todo el numeroso público que rodeaba hasta ese momento la máquina. huyó despavoridos atropellándose; muchos cayeron al suelo, incluso don Pedro Nolasco. Un voluntario más precavido cerró la llave de admisión y la bomba se paró. El Maquinista 1°, tendido en el suelo cuan largo era, con el cuerpo pegado a la tierra. Pasados algunos instantes. Levantó la cabeza cautelosamente, para preguntar angustiado, “¿Cuántos muertos? ¿Cuántos muertos…?”.  

– Pedro Nolasco Gómez Díaz, Primerino, nació en Santiago el 03 de Julio de 1844 y falleció en la misma ciudad el 03 de Septiembre de 1919, hijo de Cruz Gómez Escudero, nacido  en Santiago en 1795 y fallecido en la misma ciudad en el año 1860 y de María Encarnación Díaz Arancibia, también nacida  en Santiago y fallecida en la capital en el año 1866. Profesor Universitario, Jefe de Sección Bonos del Banco Hipotecario; c.c. Susana Laiseca Despott, nacida en Concepción en 1840 y fallecida en Santiago. Hijos:          

Pedro Nolasco Gómez Laiseca, Primerino y su hijo Pedro Nolasco Gómez Díaz, Primerino.          

Carlos Eduardo Gómez Laiseca, Primerino.    

Datos de Pedro Nolasco Gómez Díaz, proporcionados por el Voluntario de la Primera Compañía, Enrique Pérez Dreyse.

1910

Hombres con Alma de Fuego: Daniel Castro Bravo

A las 13:30 horas del miércoles 19 de octubre del año 2005, se dio la alarma de incendio en la central del Cuerpo de Bomberos de Santiago (CBS).

El fuego estaba afectando a una imprenta, un servicio de correo privado y una mueblería, situadas a la altura de las calles Fray Camilo Henríquez con Santa Isabel. Al llamado, concurrieron nueve Compañías de la Institución y aproximadamente 120 Bomberos, entre los cuales se encontraba Daniel Castro Bravo, Voluntario Honorario e Intendente de la 3ª Compañía.

Como todo Bombero Voluntario, trabajó afanosamente junto a sus compañeros para controlar el siniestro que había dejado dos personas lesionadas.

En momentos que el incendio estaba parcialmente controlado, el Voluntario Castro Bravo se descompenso debido al humo reinante en el lugar, donde se encontraba almacenada una gran cantidad de diluyentes y elementos combustibles.

Fue trasladado de emergencia al Hospital del Trabajador, donde se informó que el Bombero ingresó con un paro cardio respiratorio, siendo infructuosos todos los esfuerzos por reanimarlo.

 Mientras en el hospital se congregaban las máximas autoridades del Cuerpo de Bomberos de Santiago (CBS), en la 3ª Compañía los Voluntarios lloraban la partida de uno de los suyos, que ingresó a sus filas el 11 de abril de 1950 y los abandonó a los 70 años de edad, cumpliendo lo que era su pasión….ser Bombero.

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Hombres con Alma de Fuego: Raúl Bolívar Prado

Desde el sábado 23 de septiembre de 1972, la historia comenzaría a tener otro sentido en ese entonces joven Decimoséptima Compañía del Cuerpo de Bomberos de Santiago.

A pocos meses de cumplir su primera década al servicio de la comunidad de la Capital, viviría uno de sus más indescriptibles golpes, que es el perder a uno de los suyos en Acto de Servicio.

Es por ello, que en esta nueva publicación de la serie “Hombres con Alma de Fuego”, les presentamos la historia del Voluntario Raúl Bolívar Prado, contada por sus camaradas de ideal de la 17.

Dicen que soy un héroe...

Yo débil, tímido, casi insignificante. Si siendo como soy hice lo que hice, imagínense lo que pueden hacer todos ustedes juntos..."

Habiendo contado 31 estrellas más que comenzaban a centellear en el firmamento del servicio y la entrega en nuestra Institución, la desgracia se ciñó una vez más sobre nuestras vidas y sobre nuestros corazones. Sobre nuestra historia y sobre nuestro juramento. Aquel juramento del que todos y cada uno de los que pertenecemos a esta noble Institución, somos la viviente evidencia de lo que hemos de sacrificar en favor del prójimo.

Corría el viernes 22 de septiembre del año 1972 y en la sala de máquinas del Cuartel ubicado en Avenida Central N° 4497, en la población José María Caro, descansaba como cualquier día, nuestra Bomba MACK B17, símbolo férreo de nuestro ideal, fiel compañera de servicio e innegable aporte para la comunidad.

Junto a esta dependencia, en la sala de estar de la Compañía, un grupo de alegres Voluntarios compartían un grato momento, quienes, hacía pocos momentos, regresaban de un Incendio que había ocurrido en Las Hualtatas y Las Tranqueras.

Descansaban y hacían referencia, supongo, a qué harían en la noche, siendo el comienzo de un nuevo fin de semana. Lo más seguro es que organizaran una comida de camaradería para esa misma noche o quizás pensaban en quien saldría a cargo en el primer llamado del horario nocturno, haciendo suyo el tradicional dicho "La antigüedad constituye grado", lo que, en algunas oportunidades, ponía de mal humor a los más nuevos y hacía reír a otros más antiguos.

Dentro de este grupo, se encontraba el Director de la época, Jorge Huerta Cañas, quien, como conductor autorizado, había puesto en servicio su bomba, privilegiando como siempre, el servicio a la comunidad. Junto a él, se encontraban el Capitán Omar Cruces León, y los Voluntarios Fernando Hugo Valenzuela Silva, José Luis Arjona Cornejo, Oscar Daniel Zúñiga Tello, Rodolfo Parra Carreño, José Luis Apablaza Rojas, Luis Marcelo Valenzuela Sáez y el más nuevo de los Voluntarios presentes, Raúl Agustín Bolívar Prado, quién a los 52 años, había ingresado a nuestras filas el 25 de noviembre de 1971, luego de jubilarse del Cuerpo de Carabineros de Chile.

Mientras la camaradería continuaba en el antiguo Cuartel, un Llamado de Comandancia ocurría en esos precisos momentos, cercano a la intersección de las calles San Dionisio y San Alfonso.

Nuevamente, a las 18:07 horas de ese fatídico día, la Compañía fue llamada a atender dicha emergencia, concurriendo raudos los héroes anónimos que permanecían en el Cuartel en esos momentos. No había gran diferencia con los anteriores llamados. La sirena ululaba su típico sonido lastimero. El papi hacía que los autos que antecedían a la MACK, abrieran camino, aligerando la marcha de nuestra fiel compañera de batallas, cuando de pronto, en la intersección de las calles Carlos Valdovinos con General Velásquez, un vehículo marca Citroën, que no dimensiona el peligro de su imprudente maniobra, cruza su carrocería frente a nuestra máquina.

Quien conducía el carro en esos momentos, Jorge Huerta Cañas, cual avezado y experimentado piloto, tratando de esquivar el vehículo, pierde el control de la MACK, haciendo que este choque sus ruedas traseras con la cuneta, provocando el volcamiento y posterior impacto del Carro Bomba con los tirantes de los postes de alumbrado público, haciéndola tumbarse allí, suspendida, cual heroína de antaño, agónica luego de ser embestida por la muerte.

A consecuencia del golpe, varios Voluntarios son eyectados del interior de la máquina, resultando con heridas de gravedad tres de los nueve que la tripulaban; uno de ellos impacta su cabeza con el neblinero de un vehículo, otro se golpea la cabeza y cuerpo contra el suelo y el tercero, fatalmente herido, golpea su pecho con los mismos tirantes que detuvieron el andar de nuestra agredida Bomba.

Todos ellos son llevados en calidad de extrema urgencia a los centros asistenciales más cercanos, siendo este último trasladado al Instituto de Neurocirugía, en donde es internado con diagnóstico grave, debido a las lesiones que había sufrido producto del impacto, falleciendo posteriormente durante las últimas horas del día sábado 23 de septiembre de 1972, siendo trasladado al día siguiente, a las 20:30 horas, a su otro Cuartel.

Este héroe fue Raúl Agustín Bolívar Prado, quien a 10 meses y 29 días de haber presentado ante la Sesión de Compañía su Juramento de "dar su vida si fuese necesario", terminaba de firmar con su sangre y su vida aquel magnificente texto de entrega y amor al prójimo, dejando plasmado el dolor de la penumbra en quienes lo conocieron y compartieron su vida de ideales, agradecidos de haber coincidido en el mismo tiempo y lugar.

Ejemplos como el de Bolívar Prado reflejan para nosotros la senda trazada por Tenderini, y no sólo por todos los que estuvieron llamados a servir antes que Raúl en el Cuartel Celestial, sino por esas flamas inextinguibles, los mártires de todo el país que, a través de su vida bomberil, son el firmamento de nuestro cielo majestuoso y eterno, reflejo del sacrificio máximo de entrega al prójimo, quienes cuidan que esa llamarada inmortal de entrega no se extinga jamás.

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En la Memoria del CBS: El gran incendio del Supermercado Almac

El viernes 13 de septiembre de 1985, a las 18:53 horas, se daba la alarma general de incendio en Avda. Apoquindo N° 6060 esquina de Avda. Manquehue, comuna de Las Condes. A la llegada de las primeras máquinas, se pudo constatar que el inmueble afectado correspondía a uno de los supermercados de la cadena Almac, y que el fuego era violentísimo afectándolo ya prácticamente en su totalidad.

Las altas temperaturas que ya se estaba alcanzando, hicieron que las estructuras metálicas empezaran a colapsarse, sepultando el fuego y dificultando su extinción.

La estrategia desplegada, aprovechando los muros de los costados sur y norte, permitió defender con éxito los diversos locales comerciales que rodeaban al supermercado.

Lo mismo pudo hacerse con la trastienda en que se encontraban las bodegas y otras dependencias que lograron salvarse, algunas intactas y otras con daños no del todo graves.

La investigación comenzada en el momento del incendio y continuada en los días posteriores inmediatos, permitió establecer que el fuego se había iniciado a baja altura, en la estantería de las ceras, betunes y otros que se encontraban en el segundo pasillo contados de norte a sur, a unos seis metros de la caja recaudadora N° 2. Establecida ya, sin lugar a dudas la zona focal, se prosiguió en la búsqueda de la causa y en un descarte de posibilidades se eliminó todo proceso generado o relacionado con un fenómeno eléctrico, ya que no existía y no tenía por qué haberlo, instalación de ese tipo y menos al nivel en que se localizaba el fuego inicial.

Luego, la violencia de su comienzo permitió descartar también la posibilidad de un hecho fortuito, por lo que finalmente, se concluyó de que la causa necesariamente había sido producto de una acción delictual mediante la utilización de algún artificio incendiario de tipo químico con gran potencia calórica inicial, lo cual permitió la entrada en combustión de una apreciable cantidad de envases plásticos (sachettes) conteniendo cera que se derramaba ardiendo y que, por efectos del calor, reventaran los tarros metálicos que la contenían en forma líquida, esparciéndose el fuego a respetable distancia.

En la misma forma fueron afectados y se comportaron otras sustancias envasadas de manera análoga como betunes, neoprén, sprays diversos, etc. Si recordamos que eran días de vísperas de las Fiestas Patrias, podemos imaginar como el local había sido engalanado con guirnaldas y diversos adornos de papel y plástico, más los motivos campesinos de ramadas.

Abundancia de totora, paja y otros. Fue así como el fuego vio facilitado su avance, y rápidamente abarcó todo el recinto al iniciarse numerosos y nuevos focos. Fósforos, velas, pinturas, diluyentes, barnices, incluso los licores cuyos envases de vidrio reventaban, ardiendo de inmediato el contenido derramado, agregaron mayor violencia al fuego, lo que explica la imposibilidad y el fracaso del personal que pretendió combatir el incendio, y que tuvo que hacer abandono del lugar, y de los extintores sin usar ante el riesgo de quedar atrapados, pues el fuego se había propagado e iniciado en diferentes sectores.

Afortunadamente, la amplitud de los espacios y vías de salida permitió la rápida evacuación del recinto sin que se registraran lesionados ni pánico, salvo algunos casos aislados de histeria.

Para el control de este incendio se necesitaron casi cuatro horas de trabajo con la concurrencia de diez compañías, la participación de alrededor de 350 voluntarios y 21 vehículos de combate y apoyo.

La violencia fulminante de la propagación del fuego no es de extrañar técnicamente, como puede apreciarse en el artículo pertinente sobre incendios en supermercados.

Fuente: www.segundinos.cl

 

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Hombres con Alma de Fuego: Máximo Humbser Zumarán

El Cuerpo de Bomberos de Santiago, en sus 153 años de servicio a la comunidad, ha sentido en plenitud la partida de 49 de sus hombres, los cuales sin mayor interés que el de salvar bienes y vidas, entregaron la suya por la causa bomberil.

En esta serie, que hemos denominado “Hombres con Alma de Fuego”, queremos presentar sus historias y el momento en que pasaron a constituir el tesoro más preciado del CBS, y lo iniciamos con la historia del Voluntario de la Quinta Compañía, y Comandante de la Institución, Máximo Humbser Zumarán,

Corrían las primeras horas de la madrugada del viernes 22 de agosto de 1952, y de un momento a otro se rompe la tranquilidad de una ciudad de Santiago que estaba al borde de iniciar un nuevo fín de semana.

Una propiedad ubicada en el número 79 de la calle Serrano comienza a ser atacada por el fuego. A las 02:30 horas, se daba la Alarma de Incendio.

El arduo trabajo, que era liderado por el Comandante Humbser, se extendió por casi una hora.

El viejo edificio amenazaba con derrumbarse, obligando el corte inmediato del agua en todos los pitones, y a una inspección del inmueble por parte del mismo Comandante.

Humbser subió al segundo piso, acompañado solo de sus Ayudantes, cuando un ruido estrepitoso y un ensordecedor grito de “¡Cayó el Comandante!”, cambió el curso de los acontecimientos. Un derrumbre lo sepulta junto con su Ayudante Raúl Rodríguez Vidal, de la Duodécima Compañía. Este fue rescatado con vida, luego de una extenuante labor de remover los escombros, con el riesgo que las murallas que aún permanecían en pie, cedieran a la débil resistencia que los sostenía.

Al pasar de los minutos, aparece uno de los brazos del Comandante, y es en ese momento en que los Doctores Prieto y Raffo, de la Quinta y Undécima Compañía, respectivamente, le tomaron el pulso antes de lograr extraer completamente su cuerpo y confirmar su lamentable fallecimiento.

Más de una hora tuvo que pasar para poder sacar su cadáver, y en donde sus insignias de mando eran los mudos representantes y testigos de la tragedia.

Primero fue trasladado a la Asistencia Pública, para luego llevar los restos a su Cuartel, dando cumplimiento a sus mismas órdenes, pero por su calidad de Jefe de la Institución debió rendírsele los honores correspondientes en el Cuartel General.

Máximo Humbser Zumarán ingresó a la Quinta el 14 de Abril de 1919, sirviendo en ella los cargos de Maquinista, Secretario, Teniente 1°, Consejero de Disciplina, Capitán y Director. A nivel de Cuerpo, fue Inspector General, Segundo Comandante y Comandante.

Durante el ejercicio de su cargo máximo en el mando activo, participó en la compra de escalas mecánicas de última tecnología, como también estableció un sistema de alarmas por medio de teléfonos directos a la Central, ubicados en los principales lugares de la ciudad.

En 1944 recibe el merecido nombramiento de Director Honorario de la Institución.

Cuenta la historia que, en 1951 hubo algunos problemas en la elección de Comandante y las Compañías por unanimidad lo eligieron a él como tal, cargo que ya había desempeñado con singular eficiencia desde 1940 a 1944.

El acepta este desafió señalando: “Este nuevo sacrificio que me pide la Institución lo ofrezco a los Voluntarios jóvenes para que, con mi ejemplo, formen su personalidad bomberil y sepan que al Cuerpo de Bomberos hay que servirlo cada vez que lo requiera. Deseo también dar un ejemplo a aquellos Voluntarios que, por el hecho de haber obtenido la calidad de Honorarios, especialmente, les pido continuar trabajando en las filas y cooperar a la labor de los Activos con su consejo y experiencia.”

En su homenaje, la Decimoquinta Compañía y el Campo de Entrenamiento del CBS llevan su nombre, lo cual es recalcado por el Director de la Quinta Compañía, José Manuel Rioseco Romero, en la Sesión de Directorio del Cuerpo del miércoles 16 de agosto de 2017: “Ellos son sin duda los mejores homenajes que podemos tributarle a quien jamás se restó de servir a su Compañía y al Cuerpo cada vez que le fue requerido, y en todo momento estuvo presto y atento a que nuestros actos fuesen ejemplo para los voluntarios más jóvenes”.