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En la Memoria del CBS: El gran incendio del Supermercado Almac

El viernes 13 de septiembre de 1985, a las 18:53 horas, se daba la alarma general de incendio en Avda. Apoquindo N° 6060 esquina de Avda. Manquehue, comuna de Las Condes. A la llegada de las primeras máquinas, se pudo constatar que el inmueble afectado correspondía a uno de los supermercados de la cadena Almac, y que el fuego era violentísimo afectándolo ya prácticamente en su totalidad.

Las altas temperaturas que ya se estaba alcanzando, hicieron que las estructuras metálicas empezaran a colapsarse, sepultando el fuego y dificultando su extinción.

La estrategia desplegada, aprovechando los muros de los costados sur y norte, permitió defender con éxito los diversos locales comerciales que rodeaban al supermercado.

Lo mismo pudo hacerse con la trastienda en que se encontraban las bodegas y otras dependencias que lograron salvarse, algunas intactas y otras con daños no del todo graves.

La investigación comenzada en el momento del incendio y continuada en los días posteriores inmediatos, permitió establecer que el fuego se había iniciado a baja altura, en la estantería de las ceras, betunes y otros que se encontraban en el segundo pasillo contados de norte a sur, a unos seis metros de la caja recaudadora N° 2. Establecida ya, sin lugar a dudas la zona focal, se prosiguió en la búsqueda de la causa y en un descarte de posibilidades se eliminó todo proceso generado o relacionado con un fenómeno eléctrico, ya que no existía y no tenía por qué haberlo, instalación de ese tipo y menos al nivel en que se localizaba el fuego inicial.

Luego, la violencia de su comienzo permitió descartar también la posibilidad de un hecho fortuito, por lo que finalmente, se concluyó de que la causa necesariamente había sido producto de una acción delictual mediante la utilización de algún artificio incendiario de tipo químico con gran potencia calórica inicial, lo cual permitió la entrada en combustión de una apreciable cantidad de envases plásticos (sachettes) conteniendo cera que se derramaba ardiendo y que, por efectos del calor, reventaran los tarros metálicos que la contenían en forma líquida, esparciéndose el fuego a respetable distancia.

En la misma forma fueron afectados y se comportaron otras sustancias envasadas de manera análoga como betunes, neoprén, sprays diversos, etc. Si recordamos que eran días de vísperas de las Fiestas Patrias, podemos imaginar como el local había sido engalanado con guirnaldas y diversos adornos de papel y plástico, más los motivos campesinos de ramadas.

Abundancia de totora, paja y otros. Fue así como el fuego vio facilitado su avance, y rápidamente abarcó todo el recinto al iniciarse numerosos y nuevos focos. Fósforos, velas, pinturas, diluyentes, barnices, incluso los licores cuyos envases de vidrio reventaban, ardiendo de inmediato el contenido derramado, agregaron mayor violencia al fuego, lo que explica la imposibilidad y el fracaso del personal que pretendió combatir el incendio, y que tuvo que hacer abandono del lugar, y de los extintores sin usar ante el riesgo de quedar atrapados, pues el fuego se había propagado e iniciado en diferentes sectores.

Afortunadamente, la amplitud de los espacios y vías de salida permitió la rápida evacuación del recinto sin que se registraran lesionados ni pánico, salvo algunos casos aislados de histeria.

Para el control de este incendio se necesitaron casi cuatro horas de trabajo con la concurrencia de diez compañías, la participación de alrededor de 350 voluntarios y 21 vehículos de combate y apoyo.

La violencia fulminante de la propagación del fuego no es de extrañar técnicamente, como puede apreciarse en el artículo pertinente sobre incendios en supermercados.

Fuente: www.segundinos.cl

 

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Hombres con Alma de Fuego: Máximo Humbser Zumarán

El Cuerpo de Bomberos de Santiago, en sus 153 años de servicio a la comunidad, ha sentido en plenitud la partida de 49 de sus hombres, los cuales sin mayor interés que el de salvar bienes y vidas, entregaron la suya por la causa bomberil.

En esta serie, que hemos denominado “Hombres con Alma de Fuego”, queremos presentar sus historias y el momento en que pasaron a constituir el tesoro más preciado del CBS, y lo iniciamos con la historia del Voluntario de la Quinta Compañía, y Comandante de la Institución, Máximo Humbser Zumarán,

Corrían las primeras horas de la madrugada del viernes 22 de agosto de 1952, y de un momento a otro se rompe la tranquilidad de una ciudad de Santiago que estaba al borde de iniciar un nuevo fín de semana.

Una propiedad ubicada en el número 79 de la calle Serrano comienza a ser atacada por el fuego. A las 02:30 horas, se daba la Alarma de Incendio.

El arduo trabajo, que era liderado por el Comandante Humbser, se extendió por casi una hora.

El viejo edificio amenazaba con derrumbarse, obligando el corte inmediato del agua en todos los pitones, y a una inspección del inmueble por parte del mismo Comandante.

Humbser subió al segundo piso, acompañado solo de sus Ayudantes, cuando un ruido estrepitoso y un ensordecedor grito de “¡Cayó el Comandante!”, cambió el curso de los acontecimientos. Un derrumbre lo sepulta junto con su Ayudante Raúl Rodríguez Vidal, de la Duodécima Compañía. Este fue rescatado con vida, luego de una extenuante labor de remover los escombros, con el riesgo que las murallas que aún permanecían en pie, cedieran a la débil resistencia que los sostenía.

Al pasar de los minutos, aparece uno de los brazos del Comandante, y es en ese momento en que los Doctores Prieto y Raffo, de la Quinta y Undécima Compañía, respectivamente, le tomaron el pulso antes de lograr extraer completamente su cuerpo y confirmar su lamentable fallecimiento.

Más de una hora tuvo que pasar para poder sacar su cadáver, y en donde sus insignias de mando eran los mudos representantes y testigos de la tragedia.

Primero fue trasladado a la Asistencia Pública, para luego llevar los restos a su Cuartel, dando cumplimiento a sus mismas órdenes, pero por su calidad de Jefe de la Institución debió rendírsele los honores correspondientes en el Cuartel General.

Máximo Humbser Zumarán ingresó a la Quinta el 14 de Abril de 1919, sirviendo en ella los cargos de Maquinista, Secretario, Teniente 1°, Consejero de Disciplina, Capitán y Director. A nivel de Cuerpo, fue Inspector General, Segundo Comandante y Comandante.

Durante el ejercicio de su cargo máximo en el mando activo, participó en la compra de escalas mecánicas de última tecnología, como también estableció un sistema de alarmas por medio de teléfonos directos a la Central, ubicados en los principales lugares de la ciudad.

En 1944 recibe el merecido nombramiento de Director Honorario de la Institución.

Cuenta la historia que, en 1951 hubo algunos problemas en la elección de Comandante y las Compañías por unanimidad lo eligieron a él como tal, cargo que ya había desempeñado con singular eficiencia desde 1940 a 1944.

El acepta este desafió señalando: “Este nuevo sacrificio que me pide la Institución lo ofrezco a los Voluntarios jóvenes para que, con mi ejemplo, formen su personalidad bomberil y sepan que al Cuerpo de Bomberos hay que servirlo cada vez que lo requiera. Deseo también dar un ejemplo a aquellos Voluntarios que, por el hecho de haber obtenido la calidad de Honorarios, especialmente, les pido continuar trabajando en las filas y cooperar a la labor de los Activos con su consejo y experiencia.”

En su homenaje, la Decimoquinta Compañía y el Campo de Entrenamiento del CBS llevan su nombre, lo cual es recalcado por el Director de la Quinta Compañía, José Manuel Rioseco Romero, en la Sesión de Directorio del Cuerpo del miércoles 16 de agosto de 2017: “Ellos son sin duda los mejores homenajes que podemos tributarle a quien jamás se restó de servir a su Compañía y al Cuerpo cada vez que le fue requerido, y en todo momento estuvo presto y atento a que nuestros actos fuesen ejemplo para los voluntarios más jóvenes”.