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En la Memoria del CBS - Las Cornetas de Ordenes en Bomberos

El término corneta es un diminutivo de cuerno. El concepto alude a un instrumento de viento que es similar al clarín. Según sus características, la corneta se utiliza en diversos ámbitos.

Se trata de un instrumento musical de metal cuyo sonido, más grave que el producido por el clarín, se obtiene cuando los labios del músico vibran en la boquilla y generan un flujo de aire.

La corneta tiene su origen en la corneta de posta, también llamada trompa de posta, que nació con forma de arco y luego se volvió circular. Este instrumento se usaba para anunciar la llegada o la salida de correo. A comienzos del siglo XIX, a la corneta de posta se le añadieron pistones y así surgió la corneta contemporánea.

Los diferentes sonidos se obtienen según la presión y la posición de los labios. Estas cornetas suelen usarse en marchas y ceremonias militares.

Pero ya entrando en materia bomberil, tenemos el caso de la Primera Compañía de Bomberos de la ciudad de Angol, donde en su reglamento de fundación se lee, en su artículo 5°, lo siguiente:

…..”Tiene además la Compañía cuatro maquinistas por orden numérico; uno o más cirujanos, dos inspectores de cuentas, un cuartelero y un corneta”……..

Otro hito a destacar es el primer incendio que tuvo la Cuarta Compañía de Bomberos de Valparaíso el 20 de julio de 1865, lugar amagado calle Clave Nº 44 hora 02:30 hrs., donde se indica que por la oportuna alarma dada por el corneta de la compañía se evitó una gran desgracia.

En el acta de fundación de la Segunda Compañía de Castro, señala que una vez terminada la sesión de fundación, se levantó una suscripción entre los voluntarios, para comprar una corneta, reuniéndose en el momento una buena suma.

El primer voluntario mártir del otrora Cuerpo de Bomberos de Pisagua fue el Corneta de la Primera, Carlos Alberto Puga, quién falleció a causa del accidente ocurrido en el incendio del 18 de abril de 1899, cuando fue atropellado por el gallo que conducía a la intersección de calle Chipana con Junín.

Siguiendo con el tema, en los inicios de la Primera Compañía de Llanquihue, fundada el 04 de agosto de 1929, se indica que en sus primeros pasos solo contaban con una bomba marca GAF, la cual era guardada en el garaje del voluntario Francisco Korff ya que no tenían cuartel, y el segundo elemento con el que contaban era una corneta para alertar a los voluntarios.

  • Cuerpo de Bomberos de Santiago

Una vez “Instalado” el Directorio del Cuerpo de Bomberos de Santiago el día 28 de diciembre de 1863, se acordó examinar el Reglamento General del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso e introducir en él las modificaciones necesarias para hacerlo adaptable al de Santiago. La Segunda Compañía “Esmeralda” se estableció ese mismo día quedando inscritos los Voluntarios y Auxiliares.

En Sesión de Directorio del 9 de marzo de 1864, acordó abonar al mes a cada compañía del Cuerpo diez pesos para el puesto de Corneta, debiendo ser este gasto en lo sucesivo como “Gasto Ordinario” de cada compañía.

En tanto, en el Cuerpo de Bomberos de Santiago, se define en el Directorio en Sesión ordinaria del 5 de marzo de 1884 lo siguiente:

…..”Siempre que un cuartelero o corneta se enferme, el Capitán de la compañía a que pertenezca podrá tomar un suplente a quien le pagará sesenta centavos diarios, sin poder durar la suplencia más de un mes. Este gasto se considerará como indispensable i tendrá la tramitación de estos”…….

  • La 2ª Compañía del Cuerpo de Bomberos de Santiago

En el Reglamento de la Segunda Compañía, “Esmeralda”, del Cuerpo de Bomberos de Santiago de 1865 hasta 1885 se menciona los deberes DEL CORNETA son:

- “1° Estar Constantemente en el cuartel bajo las órdenes del Cuartelero, quien podrá darle licencia para ausentarse hasta por dos horas, dando parte al Oficial de semana en su próxima venida. Si necesitase licencia por un tiempo más largo, la pedirá al Oficial de Semana y al Capitán si excediera de un día, debiendo volver al cuartel al primer toque de alarma.

- 2° Ponerse a las órdenes del que mande la Compañía siempre que la bomba salga del cuartel.

- 3° Ayudar al Cuartelero en el desempeño de sus obligaciones y reemplazarlo en caso de ausencia”.

En Sesión Ordinaria del 19 de diciembre de 1895, La Compañía acuerda aumentar a 60 pesos el sueldo del Cuartelero y a 40 pesos el del Corneta.

En 1894, según acuerdo de compañía el señor Capitán tenía la facultad de nombrar Ayudante de Cuartelero a la misma persona que desempeñaba el puesto de Corneta.

El señor Capitán mensualmente citaba a la Compañía y a las distintas secciones (1ra, y 2da. Sección de Gallos y la Sección Bomba) a Ejercicios de Toques, Academias de Toque de Compañía y/o Academia Práctica de Toques, las que podían ser con y sin uniforme.

El Reglamento de Compañía de 1902 no menciona el puesto de Corneta, solo hace referencia al Cuartelero y Ayudante de Cuartelero, pero en el Reglamento de 1906, en el Titulo XVI, Articulo 77. Se restablece el uso de la corneta en la Compañía, adoptando los mismos toques antiguos. El articulo 79 señala que los Ayudantes del Cuartelero tendrán las obligaciones que les determine el Capitán y uno de ellos deberá ser Corneta.

El día 18 de noviembre de 1906, diez voluntarios firman un proyecto de reforma al reglamento de la Compañía, el que señala lo siguiente: “Las dificultades que se han presentado para poder restablecer el uso de la corneta en la Compañía, debido en parte a la falta de individuos que sepan tocarla, nos ha inducido a solicitar de la compañía la supresión  del Articulo 77 y de la ultima parte del Articulo 79 de nuestro reglamento.

 

Elaborado por Rodrigo Lira B. y Pedro Torti B.

Voluntarios Honorarios

2a Compañía, “Esmeralda”. 

Cuerpo de Bomberos de Santiago

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Hombres con Alma de Fuego: Guillermo Santaella Aros

Guillermo Santaella Aros fue un joven Bombero de la Décima Compañía, perteneciente a la Colonia Española, quien a solo nueve meses de su ingreso inmoló su vida por el servicio a la comunidad.

La madrugada del 25 de enero de 1942, tripuló la Bomba por última vez desde el Cuartel ubicado en aquel entonces en Inés de Aguilera N° 1172, en la Plaza Almagro.

Un incendio estaba declarado en la Mueblería Europea, ubicada en la intersección de Bandera y Moneda, colindante con el edificio del Diario Ilustrado. Coincidentemente, era el décimo incendio de ese año.

En esos instantes, el Capitán de la Bomba España, Jorge Cueto, junto a su Ayudante José Bustamante ingresaron al restorán El Peñón, el cual colindaba a estructura siniestrada, y se encontraron al fondo del inmueble con una pequeña discusión entre Santaella y el Voluntario Tomás Pombo quién estaba pitoneando.

El Capitán le solicitó condescendientemente al Voluntario Pombo que le diera la oportunidad al joven Bombero de pitonear a lo que él reclamó. Esto motivo a que la solicitud de Cueto se convirtiera en una orden, entregando el pitón a Santaella.

Acto seguido, Capitán y Ayudante siguieron revisando la escena del incendio y, en momentos que se alejaban por el pasillo del restorán, escucharon el estruendo provocado por el derrumbe de un grueso muro de adobe. Raudamente volvieron al lugar y se encontraron con la polvareda y los quejidos de Pombo, que también había sido víctima del derrumbe.

Aún sin disipar el ambiente, ambos Oficiales procedieron a iniciar las acciones de rescate de los Voluntarios, pero el destino del Voluntario Guillermo Santaella Aros ya estaba definido, convirtiéndose en decimosexto Mártir del CBS, y el segundo Bombero de la Décima en ofrendar su vida por la causa bomberil.

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Hombres con Alma de Fuego: Felipe Dawes Martindale

Era el miércoles 23 de enero de 1980, y el Voluntario Fundador de la Décimo Cuarta Compañía y Cuarto Comandante de la Institución. Felipe Dawes Martindale, se encontraba en el emblemático taller de Material Mayor del Cuerpo, ubicado en la esquina de General Mackenna y San Martín.

Al cabo de algunos minutos, la Central de Alarmas informa de una Alarma de Incendio en La Obra y Carrión, ubicadas en ese entonces en la comuna de Santiago.

De inmediato, el Cuarto Comandante tripuló el Carro de Transporte J-1 y se dirigió desde el taller hacia el lugar del siniestro, lo cual se vio truncado violentamente a minutos después. El vehículo colisionaba con el Carro Cisterna de la Segunda Compañía, Z-2, en la intersección de Gamero con la Avenida Fermín Vivaceta.

Lamentablemente y a causa del fuerte impacto, Dawes Martindale sufriría graves lesiones, falleciendo horas más tardes en el Hospital Clínico “José Joaquín Aguirre”.

Es así como el Voluntario Fundador de la 14 se convierte en el primer Mártir de su Compañía, y en el trigésimo cuarto Bombero del CBS que inmola su vida en resguardo de vidas y bienes.

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Hombres con Alma de Fuego: Carlos Pérez Riveros

Eran las 19:03 horas del jueves 12 de enero de 2006, y en la intersección de Balmaceda y Amunátegui, comuna de Santiago, un Llamado de Comandancia estructural era despachado por la Central de Alarmas y Telecomunicaciones de la Institución.

Un local comercial abandonado era consumido por las llamas. Una fogata encendida en su interior por unos indigentes, se propagaron a las vigas de la estructura y posteriormente al resto del inmueble.

A esa emergencia concurre el Carro Bomba de la Cuarta Compañía, tripulada entre otros Bomberos por el Voluntario Carlos Pérez Riveros, quien al llegar armó un pitón. El rápido actuar bomberil impidió una emergencia mayor y las llamas fueron controladas, pero algo pasó. Carlos Pérez se sintió mal.

De pronto y a un costado de la máquina, sus mismos compañeros comenzaban con las maniobras de reanimación, tratando de revertir un paro cardiaco que finalmente le causaría la muerte al Voluntario Honorario de la “Pompe France”.

Pasadas las 20 horas, en el Hospital del Trabajador aumentaba la lista de Mártires del Cuerpo de Bomberos de Santiago (CBS), pasando a ocupar el cuadragésimo tercer lugar en el Martirologio de la Institución y cuarto en su Compañía.

Así, el Voluntario Honorario cumplió el juramento que realiza todo Bombero al ingresar a las filas de la Institución: “dar la vida si fuera necesario”.

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Hombres con Alma de Fuego: Florencio Bahamondes Álvarez

Era el miércoles 7 de enero de 1920, caluroso día de pleno verano en la capital. El Colegio de los Sagrados Corazones, conocido en aquel entonces como el Colegio de los Reverendos Padres Franceses, se encontraba sin alumnos, y el aviso de uno de los empleados cambiaría la historia.

12:20 horas, y por uno de los costados de la cocina del establecimiento, ubicado entre la Alameda de las Delicias, Campo de Marte, Carreras y Manuel Montt, el humo asoma violentamente. En segundos aparecieron las llamas avivadas por la brisa del sur. El aviso llegó al número telefónico 1696 de la Central de Alarmas a las 12:30 horas.

Al siniestro concurrieron las 12 Compañías con las que el Cuerpo contaba en aquel entonces.

Fueron más de 4.500 metros cuadrados los afectados por el fuego; archivos, laboratorios, biblioteca, salas de clases y dormitorios.

Los primeros minutos fueron difíciles. Según relató la prensa, la idea de los jefes de ese sector fue evitar que el fuego llegara a los laboratorios que ocupaban la parte cercana a la Alameda. Voluntarios de la Tercera y Sexta Compañías rompieron algunas ventanas del segundo piso.

El fuego atacó sin piedad a los Voluntarios que intentaban controlarlo, viniéndose sobre ellos por el entretecho, envolviéndoles por completo.

Los bomberos salieron rápidamente a las ventanas rotas, y las llamas salieron en forma de chorros por sobre sus cabezas.

En una ventana vecina se consumó el sacrificio del Bombero Bahamondes. Su cabeza y su ropa ardían. No alcanzó a ponerse uniforme, y trabajaba en mangas de camisa en el sitio de mayor peligro. Un grupo de compañeros corrió hasta el pie del edificio indicándole que se arrojara.

Bahamondes, horriblemente quemado, continuó andando por sus propios pies sostenido por dos compañeros. Tenía el cuerpo rojo como una llaga viva, y sólo decía: “Agua… agua”.

Fue llevado con toda velocidad posible hasta la Posta Central, y posteriormente trasladado a la Clínica Alemana.

Conservó toda su lucidez, haciendo que llamaran a su hermano, para entregarle sus llaves, pidiendo a la vez que nada le dijesen a su madre.

A las cuatro de la madrugada del jueves 8 de enero, el Voluntario de la Tercera Compañía Florencio Bahamondes Álvarez dejaba de existir, convirtiéndose en el décimo hombre de las filas del CBS y el cuarto de esa Compañía en entregar su vida por la causa bomberil.

En aquel siniestro hubo 50 bomberos heridos, de los cuales dos finalmente fallecieron; Bahamondes al día siguiente, y días más tarde Alejandro Acosta Lillo, de la Séptima Compañía.

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Hombres con Alma de Fuego: Claudio Cattoni Arriagada

En la noche del jueves 20 de diciembre de 1990, el Cuerpo se prestaba a realizar su tradicional ceremonia de distribución de premios en el Teatro Municipal, oportunidad en la que se conmemoraba además el 127° aniversario de su fundación.

Eran las 20:13 horas, y un incendio de medianas proporciones movilizó al Personal a un edificio, ubicado en la esquina de Moneda y Morandé, donde ardía el décimo piso. Aun no se apagaban los ecos de los comentarios de este siniestro cuando, a las 23:52 horas, nuevamente los integrantes del CBS eran llamados a otro incendio.

Esta vez en el antiguo Quinto Cuartel, específicamente en Catedral y Chacabuco.

El fuego, con peligro de propagación, afectaba a un viejo inmueble ubicado en el número 3058 de la calle Catedral; los Voluntarios trabajaban desde la vereda al no poder ingresar por encontrarse el piso energizado; la multitud contempla el desarrollo del combate; arde la hoguera lanzando a lo alto el torbellino de chispas; flotan hacia el cielo ondulantes masas de vapores estampados de púrpura; surgen manojos de llamas envolviendo la vieja construcción, a la que vez que crepitan los maderos en siniestros crujidos. Mientras la densidad asfixiante del humo arrastra empujado por el viento invade el ambiente. El Voluntario de la 11ª Compañía, Claudio Cattoni Arriagada, quien había participado activamente en la extinción de primer siniestro, también había concurrido prestamente al nuevo llamado del deber.

De pronto el incendio cambia de rumbo, y el derrumbe de una pesada cornisa sepulta a numerosos Voluntarios bajo los escombros, causándoles lesiones de diversa consideración.

El más grave de ellos era Cattoni, quien fue trasladado hasta la Clínica Dávila. De ahí en adelante se dio comienzo a un interminable peregrinar de los Voluntarios de todas las Compañías, miembros del Directorio, compañeros de trabajo, amigos y familiares, los cuales testimoniaban el apoyo a sus familiares y a la Undécima, donde la congoja e incertidumbre hicieron elevar plegarias al Altísimo en espera de un milagro.

Los esfuerzos médicos, su voluntad de vivir y los fervientes ruegos de sus compañeros de ideales, familiares y amigos resultaron vanos, y luego de doce días de incansable lucha, en la madrugada del 3 de enero de 1991 dejó de existir.

Así, el Bombero Claudio Cattoni Arriagada se convertía en el segundo Mártir de la Undécima Compañía y la 39ª víctima del deber, entregando como los que le antecedieron, su vida por el servicio voluntario a la comunidad.

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Hombres con Alma de Fuego: Alberto Reyes Naranjo

El jueves 3 de enero de 1918 se convierte en una jornada de difícil olvido para la Tercera Compañía.

En la madrugada de aquel día, un incendio se declara en la intersección de San Francisco y Porvenir, y la Guardia Nocturna de la Tercera debe concurrir a su control.

Entre la dotación, el Voluntario Alberto Reyes Naranjo, quien se dirige al lugar impulsado por su gran entusiasmo, aprovechando el traslado de las carboneras de la bomba de la Décima Compañía, guardadas en su Cuartel.

En tránsito a la alarma, al pasar por Estado y Agustinas, la Bomba a Vapor de la Tercera fue estrellada por el carro automóvil de la Duodécima Compañía, que salió velozmente por esta última calle. Fue tan recio el golpe, que la bomba de la Décima fue disparada sobre la acera de San Agustín, y el cuerpo de Reyes termina arrojado a gran distancia, resultando con su cráneo triturado.

La fatal noticia fue comunicada a la Tercera por integrantes de la Primera Comisaría de Carabineros, a las 3:45 hrs.

Reyes Naranjo fue llevado en estado agónico a la Asistencia Pública, haciendo presuroso el traslado de los Tercerinos que trabajaban en el siniestro. A la llegada, ninguno daba crédito a tan tremenda noticia.

La amarga certidumbre la tuvimos bien pronto, al contemplar el cuerpo frío y ensangrentado de nuestro inolvidable compañero Alberto Reyes Naranjo, tercer mártir de la Tercera Compañía.

Se esparció rápidamente, llegando hasta el sitio del incendio, donde trabajaban las demás Compañías. Numerosos Bomberos, encabezados por Director de la Tercera, Luis Kappés, acompañado del Comandante Luis Phillips, y por el Capitán Manuel Cordero, se trasladaron al hogar del infortunado Reyes, a transmitir tan tremenda noticia a su Padre, el Voluntario de la Octava Compañía y quien fuera Segundo Comandante del Cuerpo, Luis Reyes.

En esta ocasión solemne, única en la vida de un hombre, el viejo Bombero pronunció palabras que deben quedar para siempre grabadas en la historia de nuestra Institución: “Si algún alivio puede haber para mi corazón en estos momentos, es el pensar que mi hijo ha muerto en el cumplimiento de sus deberes”.

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En La Memoria del CBS – Incendio en el Cuartel General

El martes 24 de octubre 1967, a las 22.10 horas, se produjo un incendio en el Cuartel de la 4ª Compañía. Su origen, probablemente, se debió a un accidente eléctrico ocurrido en el salón de sesiones. El cuartel se encontraba al cuidado de un mensajero, que solo advirtió el siniestro por la iluminación que produjeron las llamas.

El personal de Voluntarios de la Compañía, se encontraba a esa hora realizando un ejercicio en el Stade Francais.

Fueron destruidos por el fuego el salón de sesiones ya mencionado y algunas dependencias adyacentes, ocasionando la perdida de muebles, documentos y reliquias apreciadas por la Compañía.

El incendio se propago por el entretecho hasta el Cuartel General, en la parte correspondiente al salón de sesiones del Directorio. Rápidamente alcanzo las oficinas de los Comandantes, Inspectores y Ayudantes Generales. No obstante, pese al incremento que logro alcanzar, pudo ser circunscrito a los lugares mencionados, gracias al conocimiento que tenían del edificio todos los Voluntarios.

Por efectos del agua, se dañaron algunos retratos al óleo de grandes servidores y de mártires de la Institución, cuadros que afortunadamente pudieron ser rescatados en su totalidad y con rapidez, evitándose que sufrieran mayores deterioros, salvo uno de ellos, que tendrá que ser prácticamente rehecho.

Es digna de ser destacada, la ardua labor cumplida por los Voluntarios, además la actitud valerosa de las Operadoras de la Central de Bombas, señoras Inés Aguilera y Lidia Silva y señorita Regina Donoso, quienes se mantuvieron en sus puestos en todo momento, negándose a ser relevadas por Ayudantes Generales; la del Cuartelero General señor Augusto Lara, que hizo primar su deber sobre sus intereses personales e inicio sus labores retirando los vehículos que se hallaban en el garage de la Comandancia; y la de los empleados señores Arturo Arriagada, Hernán Conduela, Vicente González, Exequiel Pizarro y Víctor Mery, que desarrollaron un trabajo abnegado y afectuoso en todo momento.

*Texto extraído de la Memoria del Cuerpo de Bomberos de Santiago, año 1967.

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OCURRIÓ EL… 2 de marzo de 2005

Un incendio de grandes proporciones consume parte del cuartel central de la Policía de Investigaciones de Chile, situado en la esquina de las calles General Mackenna y Teatinos, en el centro de Santiago. Es el 2 de marzo del año 2005. Son las 12:48 horas.

 A raíz del fuego, personal de Carabineros acordona el área y desvía el tránsito en el sector. El siniestro afecta el 4° piso del inmueble.

En cuanto a la causa y tras controlar la emergencia, esta se habría producido debido a las chispas de un disparo de una escopeta, en el interior del polígono de tiro del laboratorio de balística, sobre un cajón relleno con guaipe que era utilizado para recuperar la munición.

Una vez inflamado este elemento, el fuego se propagó en forma muy rápida a la esponja que recubría las paredes del polígono y que servían como aislante acústico, saliendo al exterior y afectando gran parte del cuarto piso.

Debido a la gran cantidad de municiones de diversos calibres que se mantenían en el laboratorio, el trabajo de Bomberos se vio dificultado por la gran cantidad de detonaciones que se produjeron al verse expuestas a altas temperaturas.

Después de 4 horas y 32 minutos se daba por finalizado el incendio. Concurrieron 8 carros bomba, 3 porta escalas, 5 mecánicas, 1 carro Haz-Mat, 1 carro cisterna, 1 carro de comando, 1 carro de investigación de incendios, 2 ambulancias, 1 carro de transporte y 2 camionetas.

 

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OCURRIÓ EL…9 de agosto de 2008

A las 05:47 horas del sábado 9 de agosto de 2008, en la intersección de Catedral y General Baquedano, comuna de Santiago, el Cuerpo de Bomberos de Santiago (CBS) respondió a una Tercera Alarma de Incendio.   

En el lugar, Bomberos debió controlar las llamas que consumían un inmueble de un piso, el cual se encontraba deshabitado. La propagación del fuego por la parte interior dificultó el trabajo, ya que se originaron derrumbes de cornisas y muros, lo que complicó aún más la tarea de extinción.

El taller de una fábrica de confecciones y dos viviendas, aledañas al incendio, resultaron daños de diversa consideración.

En este siniestro se trabajó durante 5 horas con 50 minutos y se emplearon 9 Carros Bomba, 4 Portaescalas, 2 Carros Aljibe, 2 Telescópicas, 1 Carro de Rescate, 2 Camionetas de Comandancia, 1 Ambulancia, 1 Carro de Comando y Telecomunicaciones y 1 Carro de Investigación de Incendios. Asistieron 243 Voluntarios.