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Hombres con Alma de Fuego: Carlos Pérez Riveros

Eran las 19:03 horas del jueves 12 de enero de 2006, y en la intersección de Balmaceda y Amunátegui, comuna de Santiago, un Llamado de Comandancia estructural era despachado por la Central de Alarmas y Telecomunicaciones de la Institución.

Un local comercial abandonado era consumido por las llamas. Una fogata encendida en su interior por unos indigentes, se propagaron a las vigas de la estructura y posteriormente al resto del inmueble.

A esa emergencia concurre el Carro Bomba de la Cuarta Compañía, tripulada entre otros Bomberos por el Voluntario Carlos Pérez Riveros, quien al llegar armó un pitón. El rápido actuar bomberil impidió una emergencia mayor y las llamas fueron controladas, pero algo pasó. Carlos Pérez se sintió mal.

De pronto y a un costado de la máquina, sus mismos compañeros comenzaban con las maniobras de reanimación, tratando de revertir un paro cardiaco que finalmente le causaría la muerte al Voluntario Honorario de la “Pompe France”.

Pasadas las 20 horas, en el Hospital del Trabajador aumentaba la lista de Mártires del Cuerpo de Bomberos de Santiago (CBS), pasando a ocupar el cuadragésimo tercer lugar en el Martirologio de la Institución y cuarto en su Compañía.

Así, el Voluntario Honorario cumplió el juramento que realiza todo Bombero al ingresar a las filas de la Institución: “dar la vida si fuera necesario”.

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Hombres con Alma de Fuego: Florencio Bahamondes Álvarez

Era el miércoles 7 de enero de 1920, caluroso día de pleno verano en la capital. El Colegio de los Sagrados Corazones, conocido en aquel entonces como el Colegio de los Reverendos Padres Franceses, se encontraba sin alumnos, y el aviso de uno de los empleados cambiaría la historia.

12:20 horas, y por uno de los costados de la cocina del establecimiento, ubicado entre la Alameda de las Delicias, Campo de Marte, Carreras y Manuel Montt, el humo asoma violentamente. En segundos aparecieron las llamas avivadas por la brisa del sur. El aviso llegó al número telefónico 1696 de la Central de Alarmas a las 12:30 horas.

Al siniestro concurrieron las 12 Compañías con las que el Cuerpo contaba en aquel entonces.

Fueron más de 4.500 metros cuadrados los afectados por el fuego; archivos, laboratorios, biblioteca, salas de clases y dormitorios.

Los primeros minutos fueron difíciles. Según relató la prensa, la idea de los jefes de ese sector fue evitar que el fuego llegara a los laboratorios que ocupaban la parte cercana a la Alameda. Voluntarios de la Tercera y Sexta Compañías rompieron algunas ventanas del segundo piso.

El fuego atacó sin piedad a los Voluntarios que intentaban controlarlo, viniéndose sobre ellos por el entretecho, envolviéndoles por completo.

Los bomberos salieron rápidamente a las ventanas rotas, y las llamas salieron en forma de chorros por sobre sus cabezas.

En una ventana vecina se consumó el sacrificio del Bombero Bahamondes. Su cabeza y su ropa ardían. No alcanzó a ponerse uniforme, y trabajaba en mangas de camisa en el sitio de mayor peligro. Un grupo de compañeros corrió hasta el pie del edificio indicándole que se arrojara.

Bahamondes, horriblemente quemado, continuó andando por sus propios pies sostenido por dos compañeros. Tenía el cuerpo rojo como una llaga viva, y sólo decía: “Agua… agua”.

Fue llevado con toda velocidad posible hasta la Posta Central, y posteriormente trasladado a la Clínica Alemana.

Conservó toda su lucidez, haciendo que llamaran a su hermano, para entregarle sus llaves, pidiendo a la vez que nada le dijesen a su madre.

A las cuatro de la madrugada del jueves 8 de enero, el Voluntario de la Tercera Compañía Florencio Bahamondes Álvarez dejaba de existir, convirtiéndose en el décimo hombre de las filas del CBS y el cuarto de esa Compañía en entregar su vida por la causa bomberil.

En aquel siniestro hubo 50 bomberos heridos, de los cuales dos finalmente fallecieron; Bahamondes al día siguiente, y días más tarde Alejandro Acosta Lillo, de la Séptima Compañía.

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Hombres con Alma de Fuego: Claudio Cattoni Arriagada

En la noche del jueves 20 de diciembre de 1990, el Cuerpo se prestaba a realizar su tradicional ceremonia de distribución de premios en el Teatro Municipal, oportunidad en la que se conmemoraba además el 127° aniversario de su fundación.

Eran las 20:13 horas, y un incendio de medianas proporciones movilizó al Personal a un edificio, ubicado en la esquina de Moneda y Morandé, donde ardía el décimo piso. Aun no se apagaban los ecos de los comentarios de este siniestro cuando, a las 23:52 horas, nuevamente los integrantes del CBS eran llamados a otro incendio.

Esta vez en el antiguo Quinto Cuartel, específicamente en Catedral y Chacabuco.

El fuego, con peligro de propagación, afectaba a un viejo inmueble ubicado en el número 3058 de la calle Catedral; los Voluntarios trabajaban desde la vereda al no poder ingresar por encontrarse el piso energizado; la multitud contempla el desarrollo del combate; arde la hoguera lanzando a lo alto el torbellino de chispas; flotan hacia el cielo ondulantes masas de vapores estampados de púrpura; surgen manojos de llamas envolviendo la vieja construcción, a la que vez que crepitan los maderos en siniestros crujidos. Mientras la densidad asfixiante del humo arrastra empujado por el viento invade el ambiente. El Voluntario de la 11ª Compañía, Claudio Cattoni Arriagada, quien había participado activamente en la extinción de primer siniestro, también había concurrido prestamente al nuevo llamado del deber.

De pronto el incendio cambia de rumbo, y el derrumbe de una pesada cornisa sepulta a numerosos Voluntarios bajo los escombros, causándoles lesiones de diversa consideración.

El más grave de ellos era Cattoni, quien fue trasladado hasta la Clínica Dávila. De ahí en adelante se dio comienzo a un interminable peregrinar de los Voluntarios de todas las Compañías, miembros del Directorio, compañeros de trabajo, amigos y familiares, los cuales testimoniaban el apoyo a sus familiares y a la Undécima, donde la congoja e incertidumbre hicieron elevar plegarias al Altísimo en espera de un milagro.

Los esfuerzos médicos, su voluntad de vivir y los fervientes ruegos de sus compañeros de ideales, familiares y amigos resultaron vanos, y luego de doce días de incansable lucha, en la madrugada del 3 de enero de 1991 dejó de existir.

Así, el Bombero Claudio Cattoni Arriagada se convertía en el segundo Mártir de la Undécima Compañía y la 39ª víctima del deber, entregando como los que le antecedieron, su vida por el servicio voluntario a la comunidad.

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Hombres con Alma de Fuego: Alberto Reyes Naranjo

El jueves 3 de enero de 1918 se convierte en una jornada de difícil olvido para la Tercera Compañía.

En la madrugada de aquel día, un incendio se declara en la intersección de San Francisco y Porvenir, y la Guardia Nocturna de la Tercera debe concurrir a su control.

Entre la dotación, el Voluntario Alberto Reyes Naranjo, quien se dirige al lugar impulsado por su gran entusiasmo, aprovechando el traslado de las carboneras de la bomba de la Décima Compañía, guardadas en su Cuartel.

En tránsito a la alarma, al pasar por Estado y Agustinas, la Bomba a Vapor de la Tercera fue estrellada por el carro automóvil de la Duodécima Compañía, que salió velozmente por esta última calle. Fue tan recio el golpe, que la bomba de la Décima fue disparada sobre la acera de San Agustín, y el cuerpo de Reyes termina arrojado a gran distancia, resultando con su cráneo triturado.

La fatal noticia fue comunicada a la Tercera por integrantes de la Primera Comisaría de Carabineros, a las 3:45 hrs.

Reyes Naranjo fue llevado en estado agónico a la Asistencia Pública, haciendo presuroso el traslado de los Tercerinos que trabajaban en el siniestro. A la llegada, ninguno daba crédito a tan tremenda noticia.

La amarga certidumbre la tuvimos bien pronto, al contemplar el cuerpo frío y ensangrentado de nuestro inolvidable compañero Alberto Reyes Naranjo, tercer mártir de la Tercera Compañía.

Se esparció rápidamente, llegando hasta el sitio del incendio, donde trabajaban las demás Compañías. Numerosos Bomberos, encabezados por Director de la Tercera, Luis Kappés, acompañado del Comandante Luis Phillips, y por el Capitán Manuel Cordero, se trasladaron al hogar del infortunado Reyes, a transmitir tan tremenda noticia a su Padre, el Voluntario de la Octava Compañía y quien fuera Segundo Comandante del Cuerpo, Luis Reyes.

En esta ocasión solemne, única en la vida de un hombre, el viejo Bombero pronunció palabras que deben quedar para siempre grabadas en la historia de nuestra Institución: “Si algún alivio puede haber para mi corazón en estos momentos, es el pensar que mi hijo ha muerto en el cumplimiento de sus deberes”.

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En La Memoria del CBS – Incendio en el Cuartel General

El martes 24 de octubre 1967, a las 22.10 horas, se produjo un incendio en el Cuartel de la 4ª Compañía. Su origen, probablemente, se debió a un accidente eléctrico ocurrido en el salón de sesiones. El cuartel se encontraba al cuidado de un mensajero, que solo advirtió el siniestro por la iluminación que produjeron las llamas.

El personal de Voluntarios de la Compañía, se encontraba a esa hora realizando un ejercicio en el Stade Francais.

Fueron destruidos por el fuego el salón de sesiones ya mencionado y algunas dependencias adyacentes, ocasionando la perdida de muebles, documentos y reliquias apreciadas por la Compañía.

El incendio se propago por el entretecho hasta el Cuartel General, en la parte correspondiente al salón de sesiones del Directorio. Rápidamente alcanzo las oficinas de los Comandantes, Inspectores y Ayudantes Generales. No obstante, pese al incremento que logro alcanzar, pudo ser circunscrito a los lugares mencionados, gracias al conocimiento que tenían del edificio todos los Voluntarios.

Por efectos del agua, se dañaron algunos retratos al óleo de grandes servidores y de mártires de la Institución, cuadros que afortunadamente pudieron ser rescatados en su totalidad y con rapidez, evitándose que sufrieran mayores deterioros, salvo uno de ellos, que tendrá que ser prácticamente rehecho.

Es digna de ser destacada, la ardua labor cumplida por los Voluntarios, además la actitud valerosa de las Operadoras de la Central de Bombas, señoras Inés Aguilera y Lidia Silva y señorita Regina Donoso, quienes se mantuvieron en sus puestos en todo momento, negándose a ser relevadas por Ayudantes Generales; la del Cuartelero General señor Augusto Lara, que hizo primar su deber sobre sus intereses personales e inicio sus labores retirando los vehículos que se hallaban en el garage de la Comandancia; y la de los empleados señores Arturo Arriagada, Hernán Conduela, Vicente González, Exequiel Pizarro y Víctor Mery, que desarrollaron un trabajo abnegado y afectuoso en todo momento.

*Texto extraído de la Memoria del Cuerpo de Bomberos de Santiago, año 1967.

1812

OCURRIÓ EL… 2 de marzo de 2005

Un incendio de grandes proporciones consume parte del cuartel central de la Policía de Investigaciones de Chile, situado en la esquina de las calles General Mackenna y Teatinos, en el centro de Santiago. Es el 2 de marzo del año 2005. Son las 12:48 horas.

 A raíz del fuego, personal de Carabineros acordona el área y desvía el tránsito en el sector. El siniestro afecta el 4° piso del inmueble.

En cuanto a la causa y tras controlar la emergencia, esta se habría producido debido a las chispas de un disparo de una escopeta, en el interior del polígono de tiro del laboratorio de balística, sobre un cajón relleno con guaipe que era utilizado para recuperar la munición.

Una vez inflamado este elemento, el fuego se propagó en forma muy rápida a la esponja que recubría las paredes del polígono y que servían como aislante acústico, saliendo al exterior y afectando gran parte del cuarto piso.

Debido a la gran cantidad de municiones de diversos calibres que se mantenían en el laboratorio, el trabajo de Bomberos se vio dificultado por la gran cantidad de detonaciones que se produjeron al verse expuestas a altas temperaturas.

Después de 4 horas y 32 minutos se daba por finalizado el incendio. Concurrieron 8 carros bomba, 3 porta escalas, 5 mecánicas, 1 carro Haz-Mat, 1 carro cisterna, 1 carro de comando, 1 carro de investigación de incendios, 2 ambulancias, 1 carro de transporte y 2 camionetas.

 

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OCURRIÓ EL…9 de agosto de 2008

A las 05:47 horas del sábado 9 de agosto de 2008, en la intersección de Catedral y General Baquedano, comuna de Santiago, el Cuerpo de Bomberos de Santiago (CBS) respondió a una Tercera Alarma de Incendio.   

En el lugar, Bomberos debió controlar las llamas que consumían un inmueble de un piso, el cual se encontraba deshabitado. La propagación del fuego por la parte interior dificultó el trabajo, ya que se originaron derrumbes de cornisas y muros, lo que complicó aún más la tarea de extinción.

El taller de una fábrica de confecciones y dos viviendas, aledañas al incendio, resultaron daños de diversa consideración.

En este siniestro se trabajó durante 5 horas con 50 minutos y se emplearon 9 Carros Bomba, 4 Portaescalas, 2 Carros Aljibe, 2 Telescópicas, 1 Carro de Rescate, 2 Camionetas de Comandancia, 1 Ambulancia, 1 Carro de Comando y Telecomunicaciones y 1 Carro de Investigación de Incendios. Asistieron 243 Voluntarios.

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En La Memoria del CBS - El llamado de José Luis Claro Cruz

El 8 de diciembre de 1863, José Luis Claro es uno de los cientos de habitantes de la capital que observan impotentes el horroroso incendio del Templo de la Compañía de Jesús, que ha costado sobre dos mil víctimas.

Apenas unos días después, un 11 de diciembre, mientras se realizaba la misa fúnebre por las 2.200 víctimas, un pequeño aviso perdido en las páginas de los diarios El Ferrocarril y La Voz de Chile destellaba en la desolación. En ellos, el ciudadano José Luis Claro Cruz hacía un llamado a los jóvenes de la capital para reunirse el lunes 14 de diciembre de 1863, para formar una compañía de Bomberos Voluntarios.

"AL PÚBLICO, Se cita a los jóvenes que deseen llevar acabo la idea del establecimiento de una compañía de bomberos para el día 14 del presente, a la una de la tarde al escritorio del que suscribe. J.LUIS CLARO. 3240 - Diciembre 11 - 2473."

La respuesta fue inmediata. Doscientos jóvenes llegaron hasta la oficina del Claro solicitando incorporarse a la urgente iniciativa. Había políticos destacados, sacerdotes, empresarios, jornaleros y artesanos. Tantos fueron los convocados, que se decidió citar a una nueva reunión, para el 20 de diciembre de 1863, en los salones de la Filarmónica.

Muchos de los asistentes, habían perdido a un pariente o amigo y hasta el mismo intendente de la capital, Francisco Bascuñan Guerrero, lamentaba la desaparición entre las llamas de su hermana y sus sobrinas.

Así se iban estableciendo las bases fundacionales del Cuerpo de Bomberos de Santiago.

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Hombres con alma de fuego: Germán Tenderini y Vacca

Nació en el pueblo toscano de Carrara, en 1828, poblado italiano reconocido internacionalmente por sus artesanías e industrias de trabajo en mármol.

Hijo de Juan Bautista y Zenobia Tenderini (ella de apellido Vascá cuando soltera, según algunas fuentes), la familia también participaba de este oficio, por lo que trabajó en él desde niño y en duras condiciones, hasta cerca ya de su juventud.

Su vocación de servicio quedó manifiesta cuando tuvo lugar la devastadora epidemia de cólera en Italia, durante la cual trabajó como voluntario para asistir enfermos y trasladar ayuda. Destacó de tal manera en estas labores, que el Gobierno de Roma le otorgó un reconocimiento público y hasta le ofreció premiarlo con el título de Barón, distinción que el joven héroe rechazó por las tendencias progresistas de sus ideas, inspiradas por teorías sociales y románticas.

Entre muchas de las incertidumbres que rondan su vida, se desconoce la razón por la que viajó después hasta Chile con su madre y de su hermano Uldaricio, hacia 1856, probablemente por alguna situación relacionada con la reciente unificación italiana. Acá se dedicó a trabajar también el arte del mármol y se integró a la Masonería de Chile, siendo invitado a la Logia Nº 5 “Justicia y Libertad”.
Su sentido vocacional de servicio, además de su liderazgo innato, se impuso otra vez, llevándole a fundar un taller-escuela para la enseñanza de aprendizaje en técnicas manuales y artesanía. Fiel a sus ideas, se integró al Club de la Reforma y se hizo miembro de la Sociedad de Artesanos La Unión y al Club de Obreros, ambos relacionados con la masonería, y desde los cuales ayudó a organizar a trabajadores y artesanos en torno a la protección de sus derechos.

Estando aún viva su madre, conoce a doña Antonia Bustamante Sepúlveda, de quien se enamora perdidamente aunque sin contraer matrimonio, pues no creía en los vínculos sagrados de la Iglesia y en aquellos años no existía el matrimonio civil. Sin embargo, su mujer cayó gravemente enferma y, estando ella en peligro muerte, Tenderini decidió desposarla en ceremonia religiosa del 9 de noviembre de 1867. Para su fortuna, ella no murió.

A partir de diciembre de 1863, luego del fatídico incendio de la Iglesia de Compañía de Jesús, se había comenzado a citar a voluntarios que quisieran integrar el Cuerpo de Bomberos que estaba fundándose. Tenderini ingresó a la Compañía de Guardia de Propiedad el 13 de octubre de 1865.
En 1867, fue ascendido a Sargento Cuarto, y al año siguiente Teniente Cuarto. Sus propios compañeros le concedieron el grado de Teniente Tercero de la Cuarta Compañía “Salvadores” en julio de 1868, al quedar vacante el cargo. Fue reelegido en este grado para el período 1869-1870, en reconocimiento a su heroísmo y audacia, mismas virtudes que lo llevarían a la muerte, sin embargo.

El 8 de diciembre de 1870, se declaró un incendio en el Teatro Municipal de Santiago, por fortuna sólo poco después de concluida una presentación en sus escenarios y cuando el público acababa de retirarse.

Germán Tenderini fue el primero en llegar respondiendo a la alarma, encontrándose con el edificio en llamas que, de cundir, podrían haber provocado un desastre como el de Valparaíso en 1843.

Allí se encontraría con su colega Arturo Villarroel, futuro héroe de la Guerra del Pacífico apodado “El General Dinamita”. Fueron recibidos por quien trabajaba como portero del teatro, Santiago Quintanilla, quien le abrió las puertas y le acompañó al interior del infierno para detectar y atacar el foco principal del fuego.

Los demás bomberos llegaron cuando las llamas ya abrazaban la construcción por todos sus costados y el fuego bramaba exhalando humo por las ventanas del teatro. Nadie advirtió que Tenderini ya se encontraba adentro, y que por esta razón no respondía a los llamados de sus compañeros de uniforme.

Cuando volvieron al Cuartel y pasaron lista, quedó clara su ausencia, y comenzó a temerse lo peor. La triste realidad quedó en evidencia durante las inspecciones realizadas dentro del edificio siniestrado, cuando se encontró el cuerpo calcinado del héroe al lado del escenario del Teatro Municipal. Quintanilla también había fallecido.

El otro de los primeros bomberos que había llegado al lugar y que alcanzó a ver con vida a Tenderini, Villaroel, sólo pudo dar su testimonio después de haberse recuperado de la asfixia.

En su informe detalla los angustiantes y dramáticos últimos momentos de Tenderini y Quintanilla, antes de caer sofocados por los humos.

Germán Tenderini fue, así mucho más que el nombre homenajear en una calle del centro de Santiago, cuando ésta se abrió entre las calles Clara (Mac Iver) y San Antonio.

Por algunos años, la 6ª Compañía de Bomberos de Santiago publicaba también una revista institucional con el apellido del héroe, y en el primer centenario del Teatro Municipal, la Ilustre Municipalidad de Santiago hizo levantar el 17 de septiembre de 1957 un busto de bronce en el lugar, que aún se encuentra allí recordando su sacrificio.

Tenderini correspondió al primer mártir del Cuerpo de Bomberos de Santiago, y su ejemplo ha sido espejo de rectitud y sacrificio para esta institución de voluntarios que sigue constituyendo un ejemplo elogiado en el mundo entero.

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Hombres con Alma de Fuego: Juan Encina Espinoza

Era la tarde del viernes 25 de noviembre de 2005, pasadas las 14:00 horas, y el Cerro Renca se rodeaba de fuego. Los Voluntarios de la Vigésimo Primera trabajaban sin cesar para apagar los pastizales que, por el sector de Manuel Rodríguez y El Cerro, se quemaban sin control.

La misión ha sido cumplida con éxito y todos los Bomberos de la 21, entre los que se cuenta a Juan Encina Espinoza, regresan al Cuartel sin novedad.

En el casino, el análisis del trabajo y la distensión se apoderan del momento, haciendo que las horas pasen fluidas, y siempre a la espera de esa caída de timbres que nos alerta cuando alguien nos necesita.

Ya eran las 20:22 horas, y ese sonido retumba en los oídos de quienes lo esperaban prestos. Al carro B-21 llegan raudos el Cuartelero Camilo Vergara, y los Voluntarios Miguel Morales y Luis Retamal. El llamado de la Central consulta el 6-0, que indica quien va a cargo y la tripulación de Bomberos en la máquina: Voluntario Juan Encina, 3.

La dirección, Avenida El Cerro y General Vergara.

En el Cuartel, su hijo Gonzalo queda cubriendo el puesto de Mensajero.

Al paso de los minutos, la comunicación con la Bomba se perdía. Tres Oficiales parten a verificar que es lo que pudo haber ocurrido; el Director Félix Sarno Mondaca, el Capitán Héctor Moraga González y el Ayudante de Administración Moisés Hidalgo.

La situación se tornaba preocupante. El tráfico radial hacia la Bomba no paraba, exigiendo una pronta respuesta. Pero la llegada de esos tres Oficiales confirmó todas sospechas. Por radio, el Ayudante Hidalgo confirma la información que la Central de Alarmas y Telecomunicaciones ya manejaba. El Carro Bomba B-21 había desbarrancado.

El Voluntario Morales subía con dificultad la ladera en busca de ayuda. En el entorno yacían el Bombero Retamal y el Cuartelero Vergara; y a pocos metros de los fierros retorcidos y el material desparramado, el Voluntario Juan Encina se debatía entre la vida y la muerte.

Los carros de otras Compañías del Cuerpo llegaban al rescate, y tras de ellos muchos Bomberos que se iban enterando con sorpresa y estupor de lo que había sucedido.

El Voluntario de la Vigésimo Primera, y por ese entonces Comisario de la Séptima Comisaría de Carabineros de Chile con asiento en Renca, General Rolando Casanueva, pide el apoyo de un helicóptero para evacuar a los lesionados.

En adelante todos los esfuerzos eran infructuosos. La vida del “Chico” Encina se entregaba, con el paso de los minutos a esa lista de Gloriosos Hombres que, por servir a la comunidad, ofrendaron su vida en el cumplimiento del deber voluntariamente impuesto.

En su discurso pronunciado en los Funerales del Mártir Juan Agustín Encina Espinoza, realizado el domingo 27 de noviembre en el Cementerio General de Santiago, el Director Sarno declaró: “¿Recuerdan el llamado a pastizal en que B-21 al mando de un Bombero llamado Juan Encina, y cuyo carro era tripulado por 3 Voluntarios?... Ese carro no llegó a la línea del fuego.

 Por primera vez, el fuego nos ganó.

 Esa bomba, Mí Bomba se desbarrancó.

El material que con tantos años y esfuerzo gracias a las autoridades del Cuerpo, autoridades Municipales, al Círculo de Amigos de la Bomba Renca, de nuestros vecinos que nos apoyaron en las campañas económicas, de algunos empresarios que en un momento nos tendieron la mano, todo ese material se esparció, por ese simple pasto y junto a ello, entre las maderas rotas de las escalas, del serpentear de las mangueras  sin  agua,  de  entre  los  pitones,  de  los  materiales  de  rescate  y  forestal,  de  entre  cotonas y cascos fueron cayendo uno a uno sus tres Voluntarios, y su Cuartelero. Uno de ellos, el que iba a cargo, el que hace algunos minutos antes, trabajó activamente en sofocar un incendio forestal.

Ese voluntario fue llamado por nuestro Protomártir Germán Tenderini y a pesar de los esfuerzos que realizaban sus compañeros veintiuninos que comenzaban a llegar entre los que estaba su  hijo, tal  vez  indisciplinadamente  no escucho los gritos de su Capitán y de sus compañeros que le obligaban  a no entregarse a los brazos del martirologio, no escucho los llantos de los vecinos que a distancia  miraban como aquella  ladera  era  regada de  sangre, indisciplinadamente no escuchó a su Director que dejando la faja de seda en un segundo plano y colaborando  como  un  bombero  más,  exigía  que  esta  historia  no  fuera  escrita  aun.  Pero este joven que golpeó la puerta del servicio en 1976, ese Voluntario a Cargo, no nos obedeció, obedeció a Germán Tenderini.  Eso nos demuestra cual es la verdadera autoridad de los Bomberos Chilenos. Nuestros Mártires, es así como Juan Encina Espinosa, desde el viernes 25 de noviembre es el más sagrado de nuestros Bomberos, ya no es el chico Encina, el pequeño, el tímido, es el más grande el con más fuerza el único elegido por Tenderini el primero que selló con su sangre el glorioso destino de la Vigésimo Primera, y así y todo yacía derramando su sangre como algunos dicen en un simple pasto”.