1604

En La Memoria del CBS…Incendios y Terremotos en el Cuartel General

El Cuartel General del Cuerpo de Bomberos de Santiago (CBS), es un edificio ubicado en la intersección de Avenida Santo Domingo esquina Paseo Puente, en el centro de Santiago.

El primer edificio que albergó a los Bomberos, tras su fundación en 1863, fue demolido y se dio inicio a la construcción del actual cuartel, obra ejecutada por el arquitecto Adolfo Möller.

Inaugurado en 1895, esta obra fue declarada Monumento Nacional de Chile, mediante el Decreto Supremo N°84, del 19 de enero de 1983.

No obstante, ese edificio ha sufrido incendios, daños por terremotos y diferentes reconstrucciones en su historia.

Ahora, les presentamos extractos de los siniestros que afectaron al Cuartel General CBS. (Se respeta la redacción original)

RECUADRO DEL PRIMER DIRECTORIO

En el salón de sesiones del Cuerpo de Bomberos de Santiago (CBS), existe un gran óleo, obra del pintor francés Luis Eugenio Lemoine. Es un magnífico regalo a la Institución hecha por el Superintendente Ismael Valdés Vergara, quien quiso transmitir la imagen de esos fundadores a la posteridad.

La obra quedó terminada en el primer año del siglo XX y desde entonces preside las reuniones del Directorio. El gran cuadro estuvo a punto de quemarse en el incendio que afectó al cuartel de la 4ª  Compañía, Pompe France, ubicado entonces en las dependencias del Cuartel General.

Según relato del libro de oficial de semana de la 2ª Compañía de la Institución, Esmeralda, el incendio no fue de gran magnitud, pero si causó grandes daños a la Pompe France, quienes perdieron gran parte de su historia escrita.

INCENDIO N°57

Martes 24 de octubre de 1967

Santo Domingo- Puente

2° cuartel

Salida: 22:10 horas retirada: 23:35

 

Se quemaba el Cuartel General del Cuerpo de Bomberos de Santiago, empezando por el casino de la 4ª Cía., para afecta posteriormente el salón de sesiones de la misma, parte de la guardia nocturna, culminando en la destrucción por el fuego del salón de sesiones de la comandancia.

Los motivos son desconocidos, se presume corto circuito en televisor que se les quedo encendido a voluntarios de la Bomba Francia ya que estos en el momento del siniestro estaban en ejercicio en la State francais. Por fortuna se pudo controlar en forma rápida el fuego y no pasó a mayores, salvo las partes afectadas ya citadas más algunas oficinas de los comandantes e inspectores.

La bomba recorre 3km 1 lt de petróleo y 10 lts por concepto de turbina en trabajo 1,15 horas. El transporte en la distancia gasto 2 lts de gasolina. Asistencias 22 voluntarios 1 honorario 20 activos 1 directorio. A cargo de la Compañía nuestro Capitán. Se ocuparon 9 tiras de 70; 20 de 50 y 7 pitones.

La 4ª Compañía CBS, se reubicaría en un nuevo cuartel en la intersección de calles Santo Domingo y San Martín.

TERREMOTO DE 1985

El Cuartel General resultó gravemente dañado. Hubo que trasladar las oficinas administrativas a los cuarteles de la Segunda y Octava Compañías. Los cuadros y retratos del salón de sesiones se embalaron cuidadosamente y depositaron en el cuartel de la Quinta y los objetos del Museo “José Luis Claro” se enviaron a la Tercera.

El Museo estaba situado desde su creación en las dependencias del tercer piso, bajo la torre y un trozo de ésta cayó destruyendo inestimables piezas.

Todas las Compañías sufrieron daños en sus cuarteles, algunos leves y otros cuantiosos. El Cuartel General debió ser clausurado. La Institución continuó prestando sus servicios como lo hacía antes del sismo.

RECONSTRUCCIÓN DEL CUARTEL GENERAL

Si bien es cierto que el servicio de incendio no se resintió después del terremoto, eso se consiguió a costa de grandes sacrificios de todo el personal.

Se reconstruyó primero el cuartel de la Vigésimo Primera Compañía o mejor dicho se le construyó uno nuevo ya que el sismo lo dañó enteramente.

El Superintendente don Mario Errázuriz Barros y el Tesorero General don Ramón Rodríguez Chadwick obtuvieron los recursos económicos necesarios consiguiendo créditos bancarios y renegociando las deudas programadas a corto plazo, pudiendo afrontar los gastos de la reconstrucción del Cuartel General.

Este gran edificio había sido declarado monumento nacional en la categoría monumento histórico según D.S. N°84 del 19/01/1983, por su gran valor arquitectónico e histórico y por esa razón debía conservarse intacta la antigua torre y las fachadas que dan a las calles Puente y Santo Domingo. Así se hizo y fue el primer monumento histórico totalmente restaurado en el centro de Santiago.

A su reinauguración asistió el Presidente de la República e importantes autoridades. Único orador de aquella memorable ocasión fue el señor Superintendente quien hizo una reseña histórica de la sede institucional y agradeció especialmente a sus colaboradores el trabajo realizado.

-------------------------------------------

Fuentes:

  • Libro oficial de guardia 2ª Compañía CBS, Esmeralda.
  • Texto de Agustín Gutiérrez Valdivieso, 5ª Compañía CBS (Q.E.P.D.)
1204

En La Memoria del CBS…12 de Abril del 2014

El fin del día era tranquilo en el cuartel de la 2ª Compañía CBS, no obstante a las 20 horas recibí un llamado del capitán: “En media hora más, la bomba B2 y el cisternas Z2 salen a un incendio en Valparaíso”.

De una experiencia anterior, en el año 2009, saque experiencias. Tenía tiempo de recoger lo esencial y más necesario: agua, un chaleco, las radios con sus baterías y el uniforme.

En la prensa se describe el sector afectado: “Sorpresivamente las llamas en la quebrada que rodea los cerros Ramaditas y Rocuant se reactivan. En la zona no hay grifo y alcantarillado, por lo que la respuesta de los equipos de emergencia demora en el ir y venir.

Sus habitantes están ubicados en la cima de Valparaíso, con la mejor vista de la ciudad, pero con las peores condiciones de vida. Las calles no se encuentran asfaltadas y los pasajes son estrechos, el incendio consumió viviendas y ha dejado varias de ellas en el suelo. Los pobladores lloran. Solamente hace unos minutos carabineros les permitió retornar al lugar donde antes se ubica en su casa, el mismo donde ahora no encuentro nada, únicamente sus escombros

SALE EL MATERIAL

A mi llegada al cuartel, había ocho voluntarios preparando la bomba, la cual estaba lista para salir, ya calentando los motores. El capitán nos da el punto de reunión: “Cuartel 2ª Compañía “Germania” de Valparaíso”, para ese momento ya se conocían más detalle del gran incendio que afectaba los cerros de Valparaíso.

La Central de Alarmas CBS de la salida: clave 10-12 (Apoyo a otros Cuerpos). B2, B9, BX11, BX21 y Z2. Posteriormente, se sumaría B20.

En el camino a Valparaíso, nos encontramos con máquinas pertenecientes a otros Cuerpos, que también se dirigen en apoyo.

Recibimos una llamada de la Central de Alarmas CBS, justo antes de salir del alcance por radio. Nos comunican otro punto de llegada y reunión: la bajada de Agua Santa.

Nuestra duda se aclara al llegar al punto de encuentro, donde somos recibidos por un Comandante y el Superintendente. Ahí nos enteramos que nuestra labor será cubrir la ciudad de Viña del Mar, ya que sus Bomberos se encontraban apoyando a Valparaiso.

LLEGAMOS AL PUNTO DE ENCUENTRO 

Desde Viña, podemos apreciar la gran magnitud del incendio en Valparaíso, que en ese minuto estaba fuera de control. Quedará en mi memoria, el sonido de las explosiones (quizás de balones de gas) y tambien de los transformadores, primero el destello de luz y seguido el corte energía, esto solo dejaba visible la luz anaranjada del fuego.

EL LLAMADO

Poco después de la llegada de la última pieza de material mayor, nos llama el Comandante. Nos informa que somos necesarios en uno de los cerros de Valparaíso y entrega las advertencias propias respecto al trabajo en este tipo de incendios.

A los pocos minutos, en caravana, vamos en camino al gran incendio del cerro “La Virgen”.

Terminamos de bajar en Agua Santa y tomamos la costanera en dirección a la subida de acceso, la cual estaba totalmente colapsada con persona, quienes subían y bajaban con sus enseres. Algunas sólo escapando con lo puesto. Niños, ancianos y enfermos, vehículos de todo tipo y algunas mascotas, todos en un COMPLETO CAOS difícil de describir en palabras, en esas condiciones era imposible subir.

Damos media vuelta y nos reunimos frente al monumento al Bomberos, ubicado en la Avenida Brasil. Solo BX21 es asignada en ese momento, perdiendo contacto con ellos por las siguientes 24 horas. El resto de nosotros somos asignados al sector de la nueva cárcel, en la subida “La Pólvora”.

Hasta ese momento, sólo hemos trabajado en pastizales. Volvemos al punto de reunión y despacho en la plaza Sotomayor, que para nuestra gran conveniencia está frente al cuartel de la 2ª Germania, donde pudimos descansar y ser atendidos.

En la plaza, había mucho movimiento de máquinas de todos los Cuerpos de Bomberos que vinieron a ayudar, y puedo reconocer algunas máquinas y conductores con lo que nos hemos encontrado en el pasado en este mismo lugar y circunstancia.

Justo afuera se encontraba el móvil con el puesto de comando y muy pronto envía a un llamado estructural a la máquina de la 2ª Germanía, con el apoyo de B2 y Z2 de Santiago. Marcando un hecho histórico, ya que es la primera vez en historia de estas centenarias compañías que son despachadas en conjunto a la misma alarma.

Al regreso del llamado, podemos notar un despliegue militar en las calles, en cooperación con la policía, quienes para mantener el orden ya están con todo tipo de armamento y material pesado para control de desmanes.

EN EL CERRO RAMADITAS

Después de varias salidas para B2 y Z2, se envía a nuestro carro bomba al punto donde el incendio alcanzó su máxima intensidad, propagación y fuerza: El cerro “Ramaditas”

Poco después, Z2 fue enviado, junto con BX11, para alimentar a B9 en la subida principal de este cerro, sin embargo al llegar al lugar nos encontramos que la 9ª Compañía está con orden de “evacuar”.

El sector es de difícil acceso, con presencia de fuego violento en varias casas y avanzando con rapidez por la quebrada. La llegada de un carro cisterna para alimentar a B9, vino a marcar la diferencia que necesitaba en ese lugar.

Rápidamente se armó y se enfrentó el fuego, por el tiempo que permite alimentar el estanque de Z2, pero encontramos un grifo y podíamos mantener un mejor y constante caudal hacia B9, que se complementó con trabajo de pitones desde BX11, logrando así el mejor de los resultados al poder detener el avance del fuego.

El importante despliegue de Z2, ayudó a extinguir el fuego que afectó a varias casas. Además, fue vital punto de alimentación de agua para otras bombas que trabajaban en el cerro.  

TARDE DEL DOMINGO

Los eventos pasaron muy rápido, que algunos son olvidados por la avasalladora secuencia de ellos. Recuerdo en particular, haber armado un pitón directo de la bomba de Z2, también haber estado entre el humo pesado y constante, el cual me dejó una tos, acompañado por irritación en los ojos.

La extinción del fuego en este cerro, trajo un gran momento de calma a la población de Valparaíso, quienes manifestaron su agradecimiento en distinta formas, desde el aplauso espontáneo a la entrega de un presente como agua galletas. Ya casi al anochecer, han llegado más refuerzos de Santiago y otros Cuerpos de Bomberos, quienes tomaran nuestro lugar. Así, revisamos el material mayor y se nos da la retirada del anochecer.

Ya de regreso, todavía apreciar más gestos de agradecimiento de la ciudadanía, los cuales iban en diferentes formas: aplauso, ceder el derecho a paso o algún tipo de alimento.

La retirada fue para descansar, pero una vez en el cuartel, continuamos en servicio. Debíamos cubrir sectores, los cuales fueron dejados por más y más material que fue enviado a Valparaíso.

Información: Relato primer maquinista de la 2ª Compañía CBS 

3103

En La Memoria del CBS…El bombardeo a Valparaíso

El Voluntario Honorario de la 1ª Compañía de la Institución, Jorge Recabarren (Q.E.P.D), rescató en el siguiente texto lo ocurrido un 31 de marzo de 1866 en Valparaíso, luego de producirse el bombardeo por parte de la Escuadra Española.

Destaca el despliegue realizado por Bomberos de diferentes Compañías y el apoyo que prestó el Cuerpo de Bomberos de Santiago (CBS) con personal y máquinas para combatir los incendios.    

En los primeros días de la fundación del Cuerpo, cuando los hombres de bien aplaudían sin cesar a los ciudadanos de buena voluntad que ingresaban a las filas animados del deseo de prevenir desgracias de la magnitud de la ocurrida en el Templo de la Compañía en la tarde del 8 de Diciembre de 1863, la población ignoraba lo mismo que las personas que simpatizaban con esa actitud, que los bomberos llegaran algún día a prestar servicios ajenos al de la extinción de incendios.

Esa ignorancia no constituía por cierto una duda hiriente para la confianza que en aquellos instantes se depositaba en la Institución, puesto que ella se justificaba ampliamente en un país que en su corta vida de pueblo libre no se había sentido hasta entonces amenazado por los peligros que el destino reserva a las naciones que han alcanzado la plenitud de su desarrollo.

Los bomberos también estaban muy lejos de pensar que alguna vez llegaran a ser útiles en una labor extraña a la defensa de la población contra los riesgos del fuego, y sus aspiraciones se limitaban a alcanzar rápidamente el máximo de eficiencia en el entrenamiento a que se encontraban sometidos para combatir con éxito al voraz elemento que en ese momento era el más implacable de los enemigos de la ciudad.

Y sin embargo esa Asociación que no había planeado jamás en prepararse para hacer frente a los riesgos que podían amenazar al país y en cuyos Estatutos y Reglamento no se han contemplado nunca disposiciones ajenas a las que impone el objeto mismo de su misión, debía demostrar con el tiempo que su campo de acción era limitado al ofrecer incondicionalmente su concurso a la patria en los momentos en que necesitaba del apoyo de todos sus hijos, y principalmente a la ciudad cada vez que se ha sentido amenazada por una desgracia o por una intensa aflicción.

La eficacísima ayuda prestada en todas esas ocasiones por el Cuerpo de Bomberos, ha demostrado que no es sólo una entidad destinada exclusivamente a dominar incendios, sino un auxiliar absolutamente indispensable para proteger a la población en las horas de amargura y desaliento que de tarde en tarde llevan el dolor y la desesperación a la mayor parte de los hogares.

No cumplía aún dos años de existencia la Institución cuando una delicada situación internacional sembró la alarma y el desconcierto a lo largo del territorio nacional.

Dificultades diplomáticas surgidas entre España y el Perú, hicieron que las Repúblicas hispano americanas se sintieran amenazadas por las pretensiones territoriales que aquella hacía valer, y Chile siempre leal a sus sentimientos de fraternal amistad hacia sus vecinos del continente se vio arrastrado a la lucha a pesar de su pobreza y de la ausencia absoluta de elementos para contrarrestar los ataques de su poderoso enemigo.

El 25 de Septiembre de 1865, el gobierno declaraba el estado de guerra con España, y el Cuerpo de Bomberos que el día antes había ofrecido sus servicios para llenar el vacío que dejaban las tropas de la guarnición en la capital, asistía a la revista militar destinada a dar mayor solemnidad a la publicación del bando por el cual se declaraban abiertas las hostilidades.

El entusiasmo de la población exaltó aún más el patriotismo de los bomberos, quienes solicitaron se les proporcionara el armamento indispensable para transformarse en un cuerpo armado.

Algunos días después (Nota del Ministerio de Guerra y Marina de fecha 26 de Septiembre de 1865), el Ministro de la Guerra D. José Manuel Pinto, enviaba al Directorio una conceptuosa nota en la que expresaba a nombre de S.E. el Presidente de la República, y del suyo propio, la gratitud que les merecía la conducta asumida por el Cuerpo de Bomberos, y al mismo tiempo manifestaba que el gobierno aceptaba el ofrecimiento que se le hacía porque veía en él una actitud digna de los beneméritos ciudadanos nacionales y extranjeros que formaban parte de la Institución.

Quince días más tarde, el Departamento de Armas de la Guarnición de Santiago, transcribió al Vice Superintendente del Cuerpo la siguiente resolución administrativa:

Nº 636.- Santiago, Octubre 11 de 1865

El señor Ministro de la Guerra con fecha 7 comunica a ésta repartición el decreto supremo cuyo tenor es el siguiente:

En virtud del patriótico ofrecimiento que los bomberos de ésta capital han hecho al  gobierno, fórmese con estos ciudadanos un cuerpo de voluntarios para el servicio de la guarnición, al mando de su Superintendente D. José Besa. Tómese razón, comuníquese.

Transcríbala a Ud. Para su conocimiento, previniéndole que convendría tuviese a bien pasar a esta oficina, con el objeto de proporcionarle los medios de que pueda disponer.

Dios que A Ud.

(Fdo.) José Erasmo Jofré.

----------------------------------------------

De acuerdo con ese decreto se formó inmediatamente el Cuerpo de Bomberos armado, nombrándose Comandante a D. Máximo A. Argu¨elles, que desempeñaba a la sazón el cargo de Secretario General de la Institución.

Bajo la atenta vigilancia de tan entusiasta y esclarecido servidor los bomberos no tardaron en quedar en condiciones de reemplazar a las fuerzas de la guarnición que habían sido enviados a los puntos susceptibles de ser atacados por el enemigo.

Muy luego el Cuerpo de Bomberos recibió su bautismo de fuego, al ser empleado en la única ocasión de importancia que tuvo lugar en esa guerra.

Al cabo de cinco meses de abiertas las hostilidades el jefe de la escuadra española, enardecido por los contrastes sufridos por las fuerzas de su mando, quiso vengar la captura de la “Covadonga” por la Corbeta “Esmeralda”, en la batalla de papudo, y notificó a las autoridades que el 31 de Marzo, procedería a bombardear al Puerto de Valparaíso.

La noticia conmovió a la opinión pública, tanto más cuanto que Valparaíso no podía eludir el castigo que se le anunciaba por tratarse de un puerto indefenso y absolutamente incapaz de responder al ataque que iba hacer objeto, de manera que los españoles sin comprometer su escuadra, y sin poner en peligro la vida de uno solo de sus tripulantes, se aprestaba contra todo derecho y toda justicia para atacar una ciudad abierta e incapaz d repeler una agresión de tal naturaleza.

Se inició el éxodo de las familias que estaban en condiciones de abandonar la ciudad, para ponerse a cubierto del peligro del bombardeo que más tarde debería ser reprobado por los mismos compatriotas del almirante que lo ordenaba.

Para defender la ciudad contra los incendios que necesariamente debían producir las granadas españolas, y en previsión de los posibles saqueos que las situaciones de esta especie traen consigo, el gobierno dispuso que el Cuerpo de Bomberos de Santiago a excepción de las Compañías extranjeras que permanecerían de guardia en la capital, se trasladara a Valparaíso con la bomba a vapor de que disponía para proteger con la Institución hermana los respetables intereses que se encontraban amenazados.

A medida que el tiempo transcurría una febril actividad animaba a los bomberos, se alistaba el material de incendio y principalmente la bomba a vapor “Central”, que era la única existente en el país, se distribuía el armamento, las municiones, los bagajes, y se reunían apresuradamente los demás elementos que exigía una empresa de esta especie.

El 29 de Marzo día fijado para la partida, el material se embarcó en las primeras horas de la mañana, y al atardecer se dirigió el Cuerpo en correcta formación hacia la Estación Central de los Ferrocarriles del Estado, acompañado de los vítores del inmenso gentío que acudió a despedirlo.

A las 9,30 de la noche partió el convoy, en medio de los acordes de la canción nacional que fue cantada con gran entusiasmo por todos los bomberos. Esas manifestaciones se repitieron en todas las estaciones del trayecto hasta que llegaron a Valparaíso a las 6,45 de la mañana del día siguiente.

Inmediatamente se desembarcó la bomba, el armamento y los bagajes, organizándose la columna que ya era esperada por un gentío numerosísimo.

**Lea más en Jorge Recabarren - “Historia del Cuerpo de Bomberos de Santiago” – 1938. (Páginas 302 a 310)

-------------------------------------

  • Material adicional 

Guerra Hispano Americana - Álvaro Velasco y Antonio Márquez

 

2503

En La Memoria del CBS… La epidemia del cólera en 1886

La muerte fue un factor omnipresente en la sociedad chilena de la segunda mitad del siglo XIX. La mortalidad infantil superó los 300 por mil nacidos vivos y la esperanza de vida al nacer para un hombre no pasaba los 28 años. La lista de enfermedades, que afectó a la población de Chile, era extensa.

El cólera produjo grandes pandemias a lo largo de todo el siglo, aunque en Chile apareció entre 1886 y 1887. En aquella oportunidad los centros urbanos más afectados llegaron a perder hasta el 5 por ciento de su población.

En diciembre de 1886, cuando llegó la epidemia de cólera a Chile, el miedo se apoderó de Santiago. Como es hoy la radiación, en 1880 el cólera era una nube invisible y mortal que venía asolando al mundo en una pandemia mundial.

Ese año, la bacteria ya llevaba 8 millones de muertos desde Asia a Europa, así cuando los diarios de la época informaron* que, en San Felipe, el peón Jerónimo Álvarez (criado del argentino Eloy Martínez) era el primer chileno que moría de cólera en manos de los curas Agustinos, en Santiago cundió el pánico. (*22/12/1886)

La prensa, algunas tesis y memorias de la época, documentan que el gobierno del Presidente José Manuel Balmaceda cerró la capital en un cordón sanitario tan obligatorio como inútil. Nadie podía entrar, pero sí salir. El tren al sur partía repleto desde Estación Central hasta Chillán.

En Valparaíso, los barcos se mantuvieron a la gira y en cuarentena. Y siendo escasa la policía municipal, se convocó a los Bomberos para controlar las calles y a los curas para atender los enfermos.

Los tónicos de hierbas, como el Licor de Hoffman, mentol y alcanfor, se agotaron en un día en las droguerías. Las cosechas de repollo (que el pensamiento popular consideraba culpable de la enfermedad) se incineraron completas.

Con el objeto preciso de asegurar la necesidad de acción y el cumplimiento de las medidas que se adoptaron para evitar la propagación del cólera, el gobierno creó el 7 de enero 1887 un comité ejecutivo para Santiago, el que estuvo integrado por el intendente, que lo presidía, el Arzobispo de Santiago, el Primer Alcalde, el Presidente de la Junta de Beneficencia, el Decano de la Facultad de Medicina, el Superintendente del Cuerpo de Bomberos y tres vecinos.

Pero el 15 de enero de 1887 cayeron los primeros enfermos en Barrancas, actual comuna de Pudahuel. Muy pronto se conocían casos en Rancagua y en Rengo. Por el norte se desplazó hasta Freirina y por el sur hasta Valdivia. 

Una semana antes, el 1 de enero de 1887, el Cuerpo de Bomberos de Santiago (CBS) era reunido en el Cuartel General y, puesto en antecedentes por el Director de la Segunda Compañía, don Enrique MacIver, de la gravedad de la situación, decide prestar su apoyo al gobierno y ponerse al servicio de la República tal cual ya lo había hecho en otras jornadas memorables como la guerra contra España y la Guerra del Pacífico. El gobierno acepta esta propuesta declarando conocer el valor de los bomberos, indispensable en esta situación, ya que la población era temerosa y a la vez ignorante de cómo enfrentarla.

La ciudad se paralizó: la peste no tenía cura, sólo quedaba esperar encerrado en la casa y tener la suerte de ver la espalda de la muerte cuando dejara Santiago. Los Voluntarios del Cuerpo de Bomberos de Santiago (CBS), recogían a los enfermos desde las casas marcadas y los llevaban a alguno de los tres lazaretos -hospitales provisorios que dispuso el gobierno para dejar agonizar a los contagiados- en carretas ambulancias.

En las noches, esas mismas carretas tronaban tétricamente en los adoquines de una ciudad vacía, rumbo al cementerio. Al principio, a sus propias tumbas, pero luego fueron tantos, que el gobierno dispuso la creación de un sitio especial en la ribera del río en Avenida Independencia.

En el Cementerio de Coléricos se prohibieron los rituales fúnebres y los cuerpos eran sepultados en una bóveda uno junto a otro, sin ataúd, envueltos en lona. Luego, se tapiaban con tierra del río y una solución de sulfuro que se pensaba eliminaba el contagio. Más tarde, se cercó el lugar y mediante un decreto, se dispuso que se prohibía la exhumación, remoción y construcción en el lugar.

En el año 2003, cuando se descubrió por casualidad el lugar y luego de terminado el estudio arqueológico, la Costanera Norte depositó los cuerpos removidos en una nueva fosa de concreto.

Poco a poco se fue apagando esta epidemia de cólera, que asoló a varias provincias del territorio nacional. A raíz de lo sucedido, el gobierno creó el 19 de enero de 1889 el Consejo Superior de Higiene Pública. El proyecto, presentado por el doctor Ramón Corbalán Melgarejo, Voluntario de la 1a Compañía CBS, sirvió de base para la redacción de la ley* que dio estructura definitiva a este Consejo. (*15/11/1892)

Aun cuando continuó únicamente como un organismo consultivo, esa ley tuvo la ventaja de permitir la creación del Instituto de Higiene, que tantos servicios prestó a la comunidad y que con el correr de los años se transformó en el Instituto Bacteriológico, hoy Instituto de Salud Pública.

¿CUÁNTAS VIDAS COBRÓ LA EPIDEMIA?

“La aparición del cólera motivó un sorpresivo y arduo trabajo de los sepultureros en 1886 y años siguientes. Según datos del registro civil, 23.432 personas murieron víctimas de esta enfermedad, lo que era bastante para una población de 3 millones”.

El doctor Adolfo Murillo estimó en aproximadamente 40.000 el número de fallecidos en todo el país.

En los días más críticos, en los primeros momentos del espanto y de la consternación, el Cuerpo de Bomberos se ofrece al Presidente Balmaceda. Este acepta los servicios ofrecidos y nombra al Superintendente don José Francisco Vergara miembro de la comisión a la que el Supremo Gobierno encargó la dirección del servicio sanitario.

Cuando el cólera llegó a Santiago y flagelo los barrios más pobres de la ciudad, exterminó a familias enteras, se veían los uniformes de los Bomberos en los lugares de más peligro.

El Cuerpo estableció una guardia permanente en los depósitos de agua potable. Condujo los enfermos a los lazaretos. Ayudó a la policía, en los extramuros de la ciudad, haciendo guardias nocturnas, desde los sábados hasta los lunes, para impedir el acceso del pueblo a las tabernas, pues se creía que la ebriedad facilitaba el contagio.

Este fue el trabajo bomberil más incomprendido por los coléricos. Se transformaron las golondrinas en ambulancias, pero cuando estuvieron listos estos carruajes y sus caballos y arreos, no se encontró a nadie que sirviera de cochero a pesar de los buenos sueldos ofrecidos.

Los Bomberos ocuparon los pescantes hasta que volvió la confianza a los conductores habituales. Durante los cuatro meses que el cólera asiático azotó a Santiago, la 5ª Compañía tomó a su cargo el barrio del Matadero.

Los Comandantes del Cuerpo, señores Emiliano Llona y Alberto Berton, informan finalmente al Superintendente sobre la labor realizada: ochenta y tres veces se solicita al Cuartel General, transportar enfermos a los lazaretos, buscar médicos y medicinas, etc.

El informe dice que desde el 15 de enero de 1887 hasta hoy no se ha bebido sino agua cocida y se ha quemado constantemente azufre en el patio interior y en las cocinas. El gasto de estas medidas suma $70.

Se recomienda al Superintendente la actuación del Cuartelero General Nicanor Castro y los Comandantes expresan que no hacemos mención de los importantes trabajos especiales organizados por los Voluntarios de la 5ª compañía.

Los Oficiales y Voluntarios de esa Compañía, tuvieron que vencer su natural repulsión a la enfermedad y a la muerte, para prestar estos servicios tan diferentes al trabajo de incendios.

Sus sentimientos seguramente eran los mismos que estampa, años antes, el oficial de Guardia en el Libro de Novedades cuando falleció el voluntario don Alberto Montt víctima de otra epidemia.

Dice el Teniente 2° Godofredo Holzapfel: “Toda la Compañía asistió al cortejo fúnebre. Todos iban tristes y conmovidos: ya por la tan sensible pérdida de nuestro malogrado compañero; ya porque esta terrible enfermedad que nos ha llevado a nuestro amigo, nos puede conducir el día menos pensado al mismo lugar”.

Se acordó enviar notas de agradecimiento a los señores Watters y Laurence que fueron las dos personas que más ayuda prestaron en la organización de la fiesta, y a las señoritas que colaboraron se acordó agradecerles sus servicios en forma personal.

El secretario de la 5ª, don Nicolás Montt, dice en la Memoria Anual de 1887 que:

“Habiéndole correspondido a la Quinta el barrio del Matadero en las guardias de la ciudad pensó que lo más práctico era reunir a la numerosa población de aquel barrio proporcionándole entretenimientos cultos y educativos que le alejaran la idea de entregarse a sus excesos habituales. Al efecto se preparó un variado espectáculo en el mismo matadero al cual concurrieron millares de personas del pueblo, reinando a pesar de esta enorme aglomeración de gente el orden más completo, y obteniéndose resultados moralizadores”.

La prensa publicó la siguiente descripción de la función popular que organizó la 5ª Compañía en el matadero el 6 de marzo de 1887: “De agradables recuerdos ser siempre para los vecinos del matadero que en número superior a ocho mil personas asistieron a la fiesta ofrecida por la 5° compañía de Bomberos”.

Otro diario publica que “los inteligentes aficionados hicieron reír mucho al público con la representación de la graciosísima patitiesa ´La Hoja de Parra de Manuel Carrión.

El señor Ismael Valdés desempeñaba el papel de don Julio, de Mr. Fox hacía don Guillermo Swinburn, de doña Concepción, el señor Roberto Alonso, de Evarista don Cirilo Vila. Los otros papeles fueron desempeñados por los señores Green i Zegers.

-----------------------

Fuentes:

Biblioteca Nacional de Chile; Libro “Firme la Quinta” de Don Agustín Gutiérrez.

Registros Históricos de la Segunda y Tercera Compañías del Cuerpo de Bomberos de Santiago.

 

2106

En La Memoria del CBS… A 117 años del Fallecimiento de José Luis Claro Cruz

El Cuerpo de Bomberos de Santiago (CBS) fue fundado el 20 de diciembre de 1863 por iniciativa de don José Luis Claro Cruz, pero pocos conocen su historia. 

Se conoce que pertenecía a la aristocracia, donde sus parientes dominaban la escena política y militar del sur de Chile. 

Su tío era el general José María de la Cruz, hermano de su madre, y su otro tío era el Presidente de la República don Joaquín Prieto. 

Su padre, Vicente Claro Montenegro, era un leal seguidor de O’Higgins, que había combatido desde muy joven en las campañas de la Patria Vieja y que había sufrido el destierro en Juan Fernández después del triunfo realista en Rancagua (1814). Cercano a Bernardo O’Higgins durante su gobierno, va a caer en desgracia cuando el general es desterrado. 

Publica periódicos a favor de su jefe e incluso organiza reuniones para traerle de vuelta, y es tanta su atosigante lealtad que el propio O’Higgins pide que se le aplique todo el rigor de la ley por estar permanentemente metiéndose en su vida de exilio.

José Luis fue uno de los varios hermanos nacidos del matrimonio entre Vicente Claro y Carmen Cruz Prieto. Al morir el padre, doña Carmen solicita el monte de piedad que le corresponde. Y en los distintos trámites a que es sometida, va apareciendo el drama de esta familia, cómo van naciendo los hijos y las dificultades económicas que debe enfrentar.

José Luis, que había nacido en 1826, se establece en Santiago a los once años y después abre su propio local donde comienza a entrar en contacto con los jóvenes liberales de su tiempo. Conoce a Amelia Solar Marín, de tan solo quince años e hija del destacado político de La Serena don Gaspar Marín, y de la poetisa Mercedes Marín.

Fue durante el final de la administración del Presidente Manuel Bulnes, cuando se une al grupo de disidentes encabezados por Francisco Bilbao, José Zapiola, Eusebio Lillo y Benjamín Vicuña Mackenna, quienes se oponen a la candidatura de Manuel Montt.

Participa activamente en el motín del 20 de abril de 1851 en Santiago. El asalto al cuartel de la artillería fracasa, cayendo gravemente herido el jefe del motín, el coronel Pedro Urriola Balbontín, quien muere en los brazos de José Luis Claro y Manuel Recabarren. Con el tiempo, ambos serán cuñados.

Finalmente debe emigrar, viajando a los Estados Unidos en tiempos de la fiebre del oro en California. De regreso, se casa con doña Amelia. 

El 8 de diciembre de 1863, José Luis Claro es uno de los cientos de habitantes de la capital que observan impotentes el horroroso incendio del Templo de la Compañía de Jesús, que ha costado sobre dos mil víctimas. Mientras todos piensan en qué hacer, José Luis Claro se dirige al diario La Voz de Chile y al Ferrocarril, colocando un breve aviso, publicado casi en el último lugar de la última columna de los diarios que traen las interminables listas de personas fallecidas en la tragedia.

El 14 de diciembre, fecha en la que señala que se hará la reunión para crear una compañía de bomberos, su oficina se hace estrecha para recibir a los más de cuatrocientos vecinos que quieren integrarse. Aprobada en principio la creación de la nueva organización, José Luis forma parte de la comisión que definirá los estatutos del Cuerpo de Bomberos.

Y el 20 de diciembre, en los salones de la Filarmónica en los altos del Portal de Sierra Bella, se fundaba el Cuerpo de Bomberos de Santiago. Divididos en cuatro compañías, tres de agua y una de Salvadores y Guardia de Propiedad, José Luis Claro solo acepta el cargo de capitán de la Compañía del Poniente.

Más tarde será director de su compañía y vicecomandante del Cuerpo, siempre manteniendo un lugar secundario. 

Con motivo de la crisis generada por la guerra civil de 1891 contra el presidente Balmaceda, José Luis Claro es detenido por balmacedista. Cuentan que al ser interrogado por la policía, preguntándole si antes había estado preso, señaló con una sonrisa: “Sí, la primera vez por revolucionario y ahora por constitucionalista”.

Rodeado de la admiración de sus seguidores, don José Luis Claro Cruz falleció el 21 de junio de 1901.

Texto elaborado por Antonio Márquez Allison - Voluntario Honorario 14a Compañía.

Colaboración Italo Hidalgo Yáñez - Voluntario 2a Compañía.  

 

0806

En La Memoria del CBS…El primer gran incendio de los bomberos capitalinos

El 8 de junio de l864, a las ocho y cuarto, se declaró un incendio alarmante en el monasterio de Agustinas en el costado que da a la calle Ahumada.

El fuego dio principió por la Pieza habitada Por una modista que en ese momento se encontraba sola. Bien pronto las llamas salieron por una ventana y, toda la ciudad se puso en alarma. Los bomberos salieron inmediatamente.

La compañía primera y segunda desplegaron una actividad extraordinaria para dar agua, a pesar de la mucha Precipitación con que habían acudido, La tercera atacó de frente el voraz enemigo con un arrojo que le hace honor; y merced a estos esfuerzos combinados, dos horas después el fuego que amenazaba toda la manzana se hallaba enteramente Cortado. La Compañía francesa y la de hachas y escaleras se portaron al Mismo tiempo con un arrojo denodado.

Los estragos se extendieron a las dos piezas Contiguas a las que Ocupaba un pintor, cuyo establecimiento no sabemos aún las averías que haya sufrido, como es muy natural.

“La noche favoreció también los esfuerzos de nuestros bomberos, pues caía desde media hora antes, una lluvia tan abundante, que Inundaba completamente nuestras calles, Convirtiéndolas poco menos que en ríos. Es el temporal que continúa con tanta o más fuerza que al principio, y que esta vez ha servido de poderoso auxiliar para extinguir las llamas de un incendio que amenazaba ser considerable”.

“Las pérdidas no son de Consideración, merced a la oportunidad con que acudieron nuestros bomberos y a su enérgico esfuerzo. Hubo algunas desgracias. Los que las experimentaron, son don Enrique Meiggs, director de la tercera compañía, que salió herido en una mano, y el sargento de la primera sección de la misma compañía don Adolfo Castro Cienfuegos, que se encuentra gravemente enfermo de una herida que recibió en la cabeza por la caída de una teja”.

“También, uno de los bomberos de la tercera, don Vital Martínez, quedó gravemente maltratado a consecuencia de haberse hundido el techo de una de las habitaciones incendiadas, arrastrándole y envolviéndole entre sus escombros. “¡HONOR A NUESTRO CUERPO DE BOMBEROS!” 

 

Texto extraído del Libro “Livre D´Histoire de la Pompe France” – Georges Poirier P.

Ilustración principal Libro “Fuego” Antonio Marquez Allison. 

 

0706

Hombres con Alma de Fuego: Carlos Giaverini Faúndez

El día 7 de Junio de 1991, murió en acto del servicio el Voluntario de la 11ª Compañía, “Pompa Italia”, don Carlos Giaverini Faúndez.

La Institución se encontraba realizando un Ejercicio Demostrativo, en el Parque O’Higgins, en un programa dirigido a la juventud, colaborando con la Televisión Nacional de Chile. Durante el desarrollo de aquel acto, un desperfecto en el funcionamiento de la escala mecánica de la 7ª Compañía provocó la caída del ascensor de esa máquina, hiriendo al Voluntario don Leonardo Nuñez Guevara y causando la muerte a Carlos Giaverini.

Era un hombre ya mayor cuando ingresó a la Pompa Italia, en la que su hijo era un distinguido Oficial. Lo hizo cuando se retiró del Ejército, Institución a la que sirvió con distinción.

En la Bomba, alcanzó a recibir su premio por 5 Años y desempeñó con verdadera devoción el cargo de Intendente. Sus compañeros estimaban y respetaban a este hombre maduro, tan leal y servicial que participaba como los más jóvenes en todos los actos con entusiasmo y dedicación.

Carlos Giaverini graficó cómo es posible, cualquiera sea la edad, incorporarse al Cuerpo de Bomberos de Santiago siempre que se tenga el entusiasmo suficiente y la resuelta voluntad de servir.

El Directorio de la Institución, acordó rendirle los mismos homenajes póstumos con que acostumbra honrar a los mártires de la Institución y en sus funerales se hizo presente la Compañía italiana de Valparaíso, “Cristóforo Colombo”, que mantiene Canje con la Undécima. Igualmente manifestaron su pesar y solidaridad la Compañía “Ausonia” de Iquique, la “Pompa Italia” de Copiapó y la “Umberto Primo” de Talcahuano.

El señor Embajador de Italia, don Michelangelo Pizani, adhirió a los pesares del Cuerpo con hermosas palabras que conmovieron por el afecto que reveló. Los oradores fueron los mismos que hablaron en los funerales del mártir señor Cattoni (El Superintendente, el Presidente de la Junta Nacional de Cuerpos de Bomberos de Chile y el Director de la Compañía doliente, don Adolfo Croxatto Ornano). 

 

1804

EN LA MEMORIA DEL CBS…¿Y separadas solo por un muro?

En la sociedad actual, dentro de una ciudad capital como Santiago, es difícil detenerse por un instante a observar edificios o viejos palacios, pera una de las excepciones a esa regla se encuentran en Avenida Recoleta, entre las Avenidas Bellavista y Santamaría, ya que en el subconsciente de los transeúntes están plasmada dos antiguas Compañías del Cuerpo de Bomberos de Santiago (CBS), la 2ª Compañía y 8ª Compañías.

Muchas personas, que transitan a diario por esas esquinas, se preguntan ¿qué hacen dos Compañías juntas?…….

Corría el año 1899 cuando la Institución toma la idea fuerza de actualizar sus cuarteles de Bomberos, principalmente la 2ª Compañía. Ya en la sesión del Directorio del 20 de diciembre de 1899, se leían los 2 oficios del Ministerio de Obras Públicas donde se entregaban las sumas de $10.000 y de $10.118 consultadas en los presupuestos para el nuevo cuartel 2ª.

Estos montos fueron entregados al Tesorero General para que pasasen a la cuenta del Cuerpo en el banco mientras se construía el futuro cuartel. Además, en dicha sesión se comisionó al Comandante para trasladar a la 2ª, provisoriamente, a otro local a fin de que no haya dificultad para recibir los $10.000, según lo expresaba la nota del Ministerio.

En la sesión del Directorio, del 3 de enero de 1900, se acuerda que los montos recibidos por el Ministerio antes mencionado no serían destinados en su totalidad para la construcción del cuartel 2° Compañía, sino también para indemnizar al Cuerpo de los gastos hechos por éste en la construcción del cuartel que hoy abandona esta Cía., y en los que demande su nueva instalación.

Además, se autoriza a la comandancia para que invierta hasta la suma de $100 para atender a los gastos de traslado del Cuartel de la 2ª Cía. al local de la antigua empresa del Ferrocarril Urbano, al Norte de la canalización del Mapocho, monto que finalmente quedó en $175.

El Sr. Vice Superintendente en la sesión del Directorio del 7 de febrero de 1900 hizo saber que, habiendo hablado con el Ministro de Hacienda sobre el local para el cuartel de la 2ª Cía., éste le manifestó que era preciso una ley del Congreso para hacer cesión de un terreno fiscal. Agregó que los planos presentados por el Arquitecto Sr. Möller los encontró deficientes i le pidió que hiciera otros nuevos. El Sr. Director de la 6ª dijo que le extrañaba la negativa del Ministro para ceder el local de que se trata, por cuanto era cosa arreglada. Se acordó seguir gestionando por quien corresponda la entrega del sitio referido.

Terminada la cuenta el Sr. Superintendente En la sesión extraordinaria del 18 de Abril de 1900, manifestó que el objeto primordial de la presente sesión, según lo expresaron las citaciones, era el de ocuparse del local para el cuartel de la 2ª, asunto que se ha prestado a dificultades para obtener el decreto del Ministerio de Hacienda, pero, agregó, que a última hora del día de la sesión fue llamado por el Sub-Secretario del referido Ministerio y salvándose todos los inconvenientes que se habían estado presentando para la concesión del terreno en la ribera norte del Mapocho, el decreto sería firmado al día siguiente por el Sr. Ministro. Terminó llamando la atención al sacrificio que se ha impuesto la 2ª Cía. para mantenerse en el inadecuado local provisional que ocupa en las antiguas caballerizas del ferrocarril urbano, e insinuó la idea de obtener el local desocupado por el cuartel de ingenieros en la Alameda de las Delicias para que dicha Cía. se traslade mientras se edifica el nuevo cuartel. Quedaron designados para practicar gestiones en este sentido, los Sres. Superintendente y Comandante.

Lea más sobre esta historia en www.segundinos.cl

0804

Hombres con Alma de Fuego: Alfredo Molina Godoy

La noche de otoño del sábado 7 de abril de 1956 parecía calma, pero un despacho de la Central de Alarmas, a las 23:00 Hrs., alertaba de una emergencia en la intersección de Avenida Portugal y Avenida Manuel Antonio Matta. Cinco minutos pasan cuando es declarada la Alarma de Incendio en el entonces Séptimo Cuartel.

En esos instantes, desde el Cuartel de la Novena Compañía ubicado en Compañía y Maturana, el Carro de Transportes iniciaba su andar para el posterior traslado de los Bomberos que, en el camino, lo tripularían para dirigirse al siniestro; entre ellos, el Voluntario de la Decimotercera Compañía Alfredo Molina Godoy.

El Voluntario Molina, al percatarse que este incendio le tocaba a la 13, se alisto rápidamente con su uniforme de trabajo y salió de su casa para dirigirse por calle Huérfanos, corriendo hasta el Cuartel de la “Nona”.

El transporte con Voluntarios de la Primera, Tercera, Octava, Décima y Decimotercera Compañías, salió de su Cuartel para dirigirse por Compañía y luego doblar por San Martín. Al intentar cruzar la Avenida Libertador Bernardo O’Higgins, fue violentamente embestido por un microbús del recorrido Plaza Egaña - Av. España, el cual se dirigía fuera de servicio y a gran velocidad.

La violenta colisión provocó que el móvil volcara, arrojando a los Voluntarios al pavimento, perdiendo algunos el conocimiento. De los Bomberos que lo tripulaban, ilesos resultarían Danilo Crespo, de la Tercera Compañía; Jorge Chilos, de la Octava Compañía, y Carlos Moller, de la Primera Compañía, mientras que con lesiones leves resultaron El Voluntario de la Décima Compañía José Cresta, y el Conductor Luis Lucero.

Los Voluntarios de la Tercera Compañía, Alberto Rojas y Hernán Fuenzalida, sufrieron lesiones de mediana gravedad a la cabeza y resto del cuerpo, mientras que el Bombero Alfredo Molina resultó con fracturas craneanas y lesiones cerebrales.

A las 23:45 horas, y mientras el Cuerpo se encontraba trabajando intensamente en el incendio, se informa desde la Posta Central, que el estado del Voluntario Molina era de suma gravedad. El Voluntario y Cirujano, Doctor Harold Coghlan, estaba en contacto directo para tener bien informada la situación.

A las 17:00 horas del domingo 8 de abril, se informa nuevamente de la gravedad de Bombero Molina.

Después de grandes esfuerzos hechos por el equipo médico del Hospital de Neurocirugía, a las 23:00 horas, deja de existir el Voluntario Alfredo Molina Godoy, pasando a ser el Primer Bombero de la Decimotercera Compañía y el vigésimo primer hombre del CBS en cubrirse con la gloria de los que precedieron al Sextino Teniente German Tenderini y Vacca.

2103

Hombres con Alma de Fuego: Eduardo Rivas Melo

Era una tranquila mañana la del sábado 21 de marzo de 1981, cuando a las 10:15 horas, se daba la alarma de incendio en Avda. Santa María y Pedro de Valdivia Norte, por aquel entonces territorio del Sexto Cuartel.

Siete Trecerinos tripularon la “Berliet”, carro que poseía la Decimotercera Compañía en esa época, entre ellos el joven Voluntario Eduardo Rivas Melo.

Una de las construcciones más altas de Santiago ardía en llamas: la Torre Santa María.

El fuego era visible a gran distancia, en toda la capital. Violentas lenguas de fuego consumían los pisos superiores de su alta estructura, luciendo espectacular en la primera mañana de otoño.

Un despliegue único de carros y personal, liderados por el Comandante Mario Ilabaca Quezada, atacaba sin vacilar el que sería uno de los siniestros más complejos que el Cuerpo de Bomberos de Santiago ha debido combatir en su historia.

Un incendio cruento y de grandes proporciones, con víctimas fatales producto de la desesperación inicial de los habitantes de la edificación, los cuales saltaban al vacío sin medir lo que estaba pasando.

Se trabajo arduamente, con ingenio y por largo tiempo en altura.

Al terminar su labor formó la Compañía para pasar lista. Faltaba uno.

El joven Voluntario Eduardo Rivas Melo había muerto asfixiado en el interior de la Torre cumpliendo el deber de luchar contra el fuego y salvar las vidas inocentes.